martes, 17 de noviembre de 2009
Ramón Alberto Garza. Lecciones del BRIC
Qué lecciones tenemos que aprender de esas cuatro naciones que hoy concentran los reflectores del despegue económico en el clímax de la más severa recesión mundial? Analicemos.
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INDIA. EL EXPORTADOR DE SERVICIOS
Desde 2001, cuando Jim O'Neill, economista del Goldman Sachs, creó el término BRIC, la India ha concretado un dinamismo económico 5.5 veces superior al de la economía mexicana.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que la India tendrá este año un crecimiento de 5.4 por ciento, lo que significa que su receta ha servido para blindar al país de la crisis que azotó al mundo con fuerza.
Para concretar el cambio, esta nación tuvo que impactar a sus íconos. Tras su independencia de Gran Bretaña en 1947, movimiento encabezado por Gandhi, y luego del establecimiento del liderazgo de Nehru, tomó el camino de la intervención estatal estableciendo un intrincado sistema de licencias que ahogó a la iniciativa del sector privado.
La India nacionalizó la banca e impuso una política de sustitución de importaciones. Aunque fue cauta con los excesos populistas -la inflación nunca rebasó el 20 por ciento-, tuvo un crecimiento mediocre, insuficiente para combatir la pobreza, su principal problema. Tal camino le costó cuatro décadas de atraso.
Tras tímidos intentos de cambio a principios de los 90, el ministro reformista Manmohan Singh retomó el rumbo: relajó el sistema de licencias, liberalizó el transporte, alentó la inversión extranjera y modernizó el sistema fiscal y financiero.
Todas estas acciones sin duda entrañan una lección para México, que mantiene un esquema impositivo intrincado, trámites que frustran el desarrollo de los negocios, una inversión extranjera a la baja y un sistema bancario caro para el usuario y poco competitivo.
No obstante, la medida que a la postre fue más exitosa, que fue la puntilla para modernizar el sector servicios y que hoy es el eje del crecimiento de esta nación, fue la educación. Ésta es la principal lección para México.
La India es ejemplo de un país subdesarrollado que ha creado tecnología educativa, materia que en México se encuentra en pañales.
La modernización de la economía está anclada al sector servicios y al desarrollo del outsourcing (contratación de servicios a terceros), terreno donde la India ha encontrado su nicho de mercado en el ámbito mundial.
Este país es competitivo mundialmente por contar con mano de obra calificada y barata, y esto es resultado de un sistema creado para producir profesionistas de alta calidad.
Uno de sus pilares es el desarrollo de las Tecnologías de la Información (TI), como la exportación de servicios de call centers, donde operadores de la India enlazan llamadas desde Estados Unidos a cualquier país del mundo para ofrecer servicios.
Como lo explica la revista londinense New Statesman: "Es mucho más probable que los consumidores adquieran una camisa o un DVD hecho en China, pero es muy probable que la orden de adquisición parta de una estructura india. Las dos economías son complementarias. La India exporta servicios y China exporta mercancías; en el sector servicios, los ingenieros hindúes proyectan y realizan componentes altamente complejos que luego son montados por los obreros de las fábricas chinas".
Tal sistema ha creado un moderno sector servicios, que es el motor de crecimiento de la India. Un reflejo de su productividad es que en 2009, 28 por ciento de los trabajadores ubicados en el sector de servicios generaron 53.4 por ciento del PIB.
En el mismo año, pero en México, 59 por ciento de la fuerza laboral ubicada en el ramo de servicios generó 61 por ciento del PIB, lo que significa que, en este ámbito, un trabajador de la India es dos veces más productivo que uno mexicano.
Los resultados de las reformas están a la vista. En 2008, la India se ubicó como la segunda economía de mayor crecimiento del mundo.
El peso del comercio en su economía pasó de 6 por ciento del PIB en 1985 a 24 por ciento en 2009.
Aunque la India continúa sufriendo los estragos de la pobreza -cerca del 80 por ciento de la población vive con un promedio de dos dólares al día-, los índices de pobreza han bajado 10 por ciento desde 1997.
Claro que el país no está exento de problemas. Tiene un alto déficit presupuestal y una elevada deuda, padece el lastre de un sector energético que consume grandes montos de subsidios y arrastra el rezago del sector agrícola, pero ha encontrado su rumbo.
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BRASIL. ENTRE ETANOL Y PETRÓLEO
En el peor año que ha tenido la economía mundial desde la Gran Depresión, Brasil tendrá una caída en su crecimiento de apenas 0.7 por ciento.
La cifra contrasta con el desplome de 7.3 por ciento de México estimado por el FMI y entraña lecciones para este país.
En el bienio 2007 y 2008, luego de las reformas de Lula, quien asumió la Presidencia en 2003, la economía brasileña logró un crecimiento promedio de 5.4 por ciento, sorprendiendo a propios y extraños. En contraste, México tuvo un pobre crecimiento de 2.3 por ciento.
¿Cómo pudo el país de Luiz Inácio Lula da Silva imprimir más vigor a su economía, generar reservas 2.4 veces superiores a las de México, avanzar en la solución del problema de la pobreza -la tasa bajó 11 por ciento en 2007- y revaluar su moneda más de 50 por ciento, ahondando la distancia en tamaño de la economía mexicana, produciendo ya 30 por ciento más que nuestro país?
Por lo menos hay cinco lecciones para México en el comportamiento de esa nación de 184 millones de habitantes.
La primera es de tinte ideológico. Un gobierno de izquierda como el de Lula concretó reformas que ni los gobiernos orientados hacia el centro, como los de Vicente Fox y Felipe Calderón, han logrado implementar.
De lado, implica también una enseñanza para la izquierda mexicana, que navega sin rumbo, con sectores importantes que todavía postulan ideas estatistas incapaces de modernizar al país.
México también tiene que aprender sobre el manejo de Petrobras, la empresa petrolera estatal de Brasil.
Mientras que Pemex se encuentra entrampada, con las reservas a punto de agotarse, sin invertir en exploración durante décadas, con la producción a la baja -esto ha provocado, en parte, la actual crisis fiscal-, el país de Lula ha revigorizado su industria petrolera.
Los esfuerzos de perforación en aguas profundas, que han contado con la participación de empresas privadas, han redituado en hallazgos importantes de yacimientos de crudo. Esto ha transformado a Brasil, que pasó de ser un país importador de petróleo a uno exportador.
La tercera lección es tener la voluntad política, con visión estratégica de largo plazo, para desarrollar industrias con tecnología propia.
Los desarrollos de etanol y el caso de la aeronáutica Embraer son ejemplos de que desde una nación en desarrollo es posible dar lecciones a los países desarrollados.
Una cuarta lección es la diversificación de su comercio exterior. Siempre cautelosos para no caer bajo la sombra de Estados Unidos, los últimos mandatarios brasileños fueron visionarios al empujar su comercio exterior hacia Europa y Asia, particularmente a China.
Una fortalecida y bien desarrollada industria agrícola y ganadera ubica a Brasil como uno de los graneros del mundo. Todos quieren sus granos, todos buscan su carne.
El otro ámbito que entraña contrastes, y en el que México se ve mal a contraluz de Brasil, es el manejo de la deuda.
Aprovechando los ingresos petroleros, el presidente Lula pagó anticipadamente sus compromisos financieros con el FMI.
Y hay más contrastes: el régimen actual ha promovido una serie de reformas para reducir los impuestos e incrementar la inversión en infraestructura, rumbo contrario al de México, que debate hoy un paquete fiscal con tintes recesivos, mientras que Brasil se ha puesto a tono con la estrategia de otros países de aplicar políticas para inyectar liquidez a la economía.
Los resultados económicos han redituado dividendos en imagen, a tal punto que Brasil logró no sólo ser la sede del Mundial de Futbol en 2014, sino también de los Juegos Olímpicos en 2016.
Todo el mundo ve a Brasil como un ejemplo a seguir. Una nación que se perfila como la quinta economía mundial.
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RUSIA. RESERVAS DE CRUDO
Rusia experimenta hoy nuevos rumbos. El país de los zares, el de Pedro y Catalina la Grande, el que instauró el comunismo en la Revolución de 1917, coquetea hoy con el capitalismo.
Es la potencia que invadió Polonia en la Segunda Guerra Mundial, la que trabajó del lado de Hitler, la que fue manejada por la brutalidad por Stalin y Lenin.
Fue la nación que en los 80 sorprendió al mundo con la perestroika y el glasnost de Gorbachov y, más aún, con la desmembración del imperio y su reorganización en la Federación Rusa en 1993.
No es exagerado decir que la Rusia que gobierna Dmitri Medvédev desde 2008 empezó a ensayar desde 1990 el experimento de privatización más grande de toda la historia.
Tan es así, que el ex imperio soviético ha empezado a escribir historias de éxito como una de las naciones BRIC, junto con China, la India y Brasil.
Aunque el FMI estima que la economía rusa se contraerá 7.5 por ciento en 2009, una caída similar a la de México, por una dependencia del petróleo mayor que la de nuestro país, y en general de las materias primas, Rusia ya armó una estrategia que, a decir de los expertos, amortiguó el impacto.
Antes hay que decir que la ex nación zarista y ex comunista es un buen ejemplo de cómo se puede tener arrestos para quemar las naves ideológicas y dar un giro de 180 grados en la conducción económica, abriendo el país a las prácticas del capitalismo para modernizar su economía.
Aunque en el plano político subsiste un sistema semiautoritario no exento de riesgos de inestabilidad y el tejido social sufre las consecuencias del vuelco con la proliferación de las mafias, las políticas económicas están abriendo espacios para mejorar el bienestar, un antídoto eficaz de largo plazo para dar viabilidad al país.
Tras las reformas impulsadas a mediados de los 90, la economía rusa ha tenido un crecimiento promedio anual de 5 por ciento de 2001 a 2009, incluyendo la caída del PIB este año.
¿Cuánto ha crecido México en el mismo lapso, también en promedio?: 1.5 por ciento, índice cercano al estancamiento.
Pero hay una estrategia económica anticrisis que implementó Rusia en 2008. Fue el año en que estalló la recesión internacional que derrumbó los mercados financieros y los precios de los commodities, incluido el petróleo, y enfrió la demanda a lo largo y ancho del planeta.
Una estrategia que si México la hubiese concretado, le habría ahorrado algunas calamidades. Como el pesado paquete fiscal que busca recaudar más de 150 mil millones de pesos de los bolsillos de los mexicanos en momentos en que la nación registra su peor momento en la historia moderna.
Se trata de mantener un fondo de reserva de 200 mil millones de dólares de los ingresos petroleros de la época de jauja de los petroprecios. Y Rusia acumuló 600 mil millones de reservas gracias a los días de prosperidad del crudo.
Eran fondos destinados a ser utilizados cuando se presentara una baja en el precio del petróleo. Y la necesidad se dio. Rusia ahorró en tiempos de vacas gordas para gastarlos en tiempos de vacas flacas.
Estos fondos fueron aplicados a un programa de apoyo para estabilizar la economía, incluyendo un recorte de impuestos de 20 mil millones de dólares.
Adicionalmente, las reservas acumuladas permitieron contar con márgenes financieros para defender el rublo, que está sobrevaluado.
Tal esfuerzo ha consumido parte de las reservas internacionales, que cayeron a 380 mil millones de dólares. Aún así, son 4.1 veces superiores a las de México.
Pero la política de ahorro de divisas ha permitido a Rusia sortear bien el temporal de la crisis internacional.
Y hay avances en otros frentes. El programa económico del presidente Medvédev ha logrado reducir la pobreza y el desempleo.
Hay muchos temas pendientes en este complejo país. Entre otros, combatir la corrupción, mejorar el sistema de justicia y, en general, armar las instituciones que habrían espantado a Lenin y Stalin. Pero se están abriendo vías para reenderezar el rumbo.
Pese a los múltiples problemas, los actuales mandamases de Rusia no tienen dudas sobre cómo jugar en el terreno económico.
Se trata de reducir el rol del Estado en la economía, mejorar la infraestructura, innovar, reformar los sistemas bancario y fiscal, además de modernizar el sistema financiero.
Capitalismo, pues. Y, por cierto, al mejor estilo y con mejores resultados que el que se practica por estos rumbos.
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CHINA. EXPLOSIÓN DEL AHORRO
Probablemente, Mao debe estarse revolcando en su tumba, pero los mil 300 millones de chinos están viendo que las novedosas instituciones económicas del capitalismo están mejorando su nivel de vida.
Viniendo desde muy abajo, China -miembro distinguido de los países BRIC- es probablemente el caso más impresionante de resurgimiento económico de todos los tiempos. Y hay un aluvión de cifras que lo demuestran.
Su crecimiento anual promedio en las últimas décadas es cercano a 10 por ciento. Precisamente, ése fue el índice de 2001 a 2009, lapso en el que México logró apenas un ritmo de crecimiento de 1.3 por ciento.
Las medidas de los líderes chinos han logrado que, contra todos los pronósticos, el crecimiento se ubique en 8.5 por ciento en 2009, que es el peor año de la economía mundial.
Y es que China se ha convertido en una gigantesca maquinaria para generar divisas a través de las corrientes de comercio y capital.
En 2008, las exportaciones alcanzaron los mil 435 miles de millones de dólares, cinco veces más que las de México.
Su balanza positiva de comercio exterior -exportaciones menos importaciones- más su balanza de cuentas de capital, también favorable -entradas de créditos e inversión extranjera menos salidas- suman un impresionante 8.6 por ciento del PIB.
La danza de números para Ripley no termina ahí. La inversión como porcentaje del PIB -que es lo mismo que el ahorro-representa 40 por ciento, índice que no concretó ni Japón cuando estuvo de moda como milagro económico allá por los 80, y que tampoco tuvo México cuando fue ejemplo de modelo económico en los 50 y 60.
El impulso fuerte de las reformas se dio a principios de los 90, con Deng Xiaoping, el ideólogo del nuevo capitalismo chino.
Esas reformas estaban centradas en la liberalización de precios, modificaciones al esquema de producción agrícola, promoción de zonas económicas especiales con regímenes fiscales diferentes de los del resto del país.
También apuntaron hacia la descentralización fiscal, mayor autonomía, eficiencia y productividad de las empresas estatales con fuerte énfasis en la rentabilidad, el desarrollo de su sistema financiero y la promoción del ahorro y la inversión.
¿Qué debería copiar México? Las recetas son múltiples y similares en cierta medida a las de los otros miembros del BRIC.
Destacan las agresivas estrategias de promoción de la inversión extranjera, asunto que despierta escozor en estos rumbos del planeta.
Por lo pronto, las recetas económicas Chinas también surtieron efecto para enfrentar la actual recesión. El ex país de Mao no sólo logró crecer en tiempos de crisis, sino ayudar al mundo con un plan anticrisis de 586 mil millones de dólares que se espera contribuya a la recuperación económica internacional.
Esta capacidad se materializa en fondos y reservas soberanas superiores a los 2 trillones de dólares y una inversión extranjera directa de más de 80 mil millones de dólares.
Las palabras que pronunció Deng Xiaoping en 1992, durante la llamada "inspección del sur", una de las zonas que más se había beneficiado de la apertura china, revelan los nuevos tiempos: "La esencia del socialismo es lograr la prosperidad común (...) la clave es el desarrollo económico".
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INDIA. EL EXPORTADOR DE SERVICIOS
Desde 2001, cuando Jim O'Neill, economista del Goldman Sachs, creó el término BRIC, la India ha concretado un dinamismo económico 5.5 veces superior al de la economía mexicana.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que la India tendrá este año un crecimiento de 5.4 por ciento, lo que significa que su receta ha servido para blindar al país de la crisis que azotó al mundo con fuerza.
Para concretar el cambio, esta nación tuvo que impactar a sus íconos. Tras su independencia de Gran Bretaña en 1947, movimiento encabezado por Gandhi, y luego del establecimiento del liderazgo de Nehru, tomó el camino de la intervención estatal estableciendo un intrincado sistema de licencias que ahogó a la iniciativa del sector privado.
La India nacionalizó la banca e impuso una política de sustitución de importaciones. Aunque fue cauta con los excesos populistas -la inflación nunca rebasó el 20 por ciento-, tuvo un crecimiento mediocre, insuficiente para combatir la pobreza, su principal problema. Tal camino le costó cuatro décadas de atraso.
Tras tímidos intentos de cambio a principios de los 90, el ministro reformista Manmohan Singh retomó el rumbo: relajó el sistema de licencias, liberalizó el transporte, alentó la inversión extranjera y modernizó el sistema fiscal y financiero.
Todas estas acciones sin duda entrañan una lección para México, que mantiene un esquema impositivo intrincado, trámites que frustran el desarrollo de los negocios, una inversión extranjera a la baja y un sistema bancario caro para el usuario y poco competitivo.
No obstante, la medida que a la postre fue más exitosa, que fue la puntilla para modernizar el sector servicios y que hoy es el eje del crecimiento de esta nación, fue la educación. Ésta es la principal lección para México.
La India es ejemplo de un país subdesarrollado que ha creado tecnología educativa, materia que en México se encuentra en pañales.
La modernización de la economía está anclada al sector servicios y al desarrollo del outsourcing (contratación de servicios a terceros), terreno donde la India ha encontrado su nicho de mercado en el ámbito mundial.
Este país es competitivo mundialmente por contar con mano de obra calificada y barata, y esto es resultado de un sistema creado para producir profesionistas de alta calidad.
Uno de sus pilares es el desarrollo de las Tecnologías de la Información (TI), como la exportación de servicios de call centers, donde operadores de la India enlazan llamadas desde Estados Unidos a cualquier país del mundo para ofrecer servicios.
Como lo explica la revista londinense New Statesman: "Es mucho más probable que los consumidores adquieran una camisa o un DVD hecho en China, pero es muy probable que la orden de adquisición parta de una estructura india. Las dos economías son complementarias. La India exporta servicios y China exporta mercancías; en el sector servicios, los ingenieros hindúes proyectan y realizan componentes altamente complejos que luego son montados por los obreros de las fábricas chinas".
Tal sistema ha creado un moderno sector servicios, que es el motor de crecimiento de la India. Un reflejo de su productividad es que en 2009, 28 por ciento de los trabajadores ubicados en el sector de servicios generaron 53.4 por ciento del PIB.
En el mismo año, pero en México, 59 por ciento de la fuerza laboral ubicada en el ramo de servicios generó 61 por ciento del PIB, lo que significa que, en este ámbito, un trabajador de la India es dos veces más productivo que uno mexicano.
Los resultados de las reformas están a la vista. En 2008, la India se ubicó como la segunda economía de mayor crecimiento del mundo.
El peso del comercio en su economía pasó de 6 por ciento del PIB en 1985 a 24 por ciento en 2009.
Aunque la India continúa sufriendo los estragos de la pobreza -cerca del 80 por ciento de la población vive con un promedio de dos dólares al día-, los índices de pobreza han bajado 10 por ciento desde 1997.
Claro que el país no está exento de problemas. Tiene un alto déficit presupuestal y una elevada deuda, padece el lastre de un sector energético que consume grandes montos de subsidios y arrastra el rezago del sector agrícola, pero ha encontrado su rumbo.
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BRASIL. ENTRE ETANOL Y PETRÓLEO
En el peor año que ha tenido la economía mundial desde la Gran Depresión, Brasil tendrá una caída en su crecimiento de apenas 0.7 por ciento.
La cifra contrasta con el desplome de 7.3 por ciento de México estimado por el FMI y entraña lecciones para este país.
En el bienio 2007 y 2008, luego de las reformas de Lula, quien asumió la Presidencia en 2003, la economía brasileña logró un crecimiento promedio de 5.4 por ciento, sorprendiendo a propios y extraños. En contraste, México tuvo un pobre crecimiento de 2.3 por ciento.
¿Cómo pudo el país de Luiz Inácio Lula da Silva imprimir más vigor a su economía, generar reservas 2.4 veces superiores a las de México, avanzar en la solución del problema de la pobreza -la tasa bajó 11 por ciento en 2007- y revaluar su moneda más de 50 por ciento, ahondando la distancia en tamaño de la economía mexicana, produciendo ya 30 por ciento más que nuestro país?
Por lo menos hay cinco lecciones para México en el comportamiento de esa nación de 184 millones de habitantes.
La primera es de tinte ideológico. Un gobierno de izquierda como el de Lula concretó reformas que ni los gobiernos orientados hacia el centro, como los de Vicente Fox y Felipe Calderón, han logrado implementar.
De lado, implica también una enseñanza para la izquierda mexicana, que navega sin rumbo, con sectores importantes que todavía postulan ideas estatistas incapaces de modernizar al país.
México también tiene que aprender sobre el manejo de Petrobras, la empresa petrolera estatal de Brasil.
Mientras que Pemex se encuentra entrampada, con las reservas a punto de agotarse, sin invertir en exploración durante décadas, con la producción a la baja -esto ha provocado, en parte, la actual crisis fiscal-, el país de Lula ha revigorizado su industria petrolera.
Los esfuerzos de perforación en aguas profundas, que han contado con la participación de empresas privadas, han redituado en hallazgos importantes de yacimientos de crudo. Esto ha transformado a Brasil, que pasó de ser un país importador de petróleo a uno exportador.
La tercera lección es tener la voluntad política, con visión estratégica de largo plazo, para desarrollar industrias con tecnología propia.
Los desarrollos de etanol y el caso de la aeronáutica Embraer son ejemplos de que desde una nación en desarrollo es posible dar lecciones a los países desarrollados.
Una cuarta lección es la diversificación de su comercio exterior. Siempre cautelosos para no caer bajo la sombra de Estados Unidos, los últimos mandatarios brasileños fueron visionarios al empujar su comercio exterior hacia Europa y Asia, particularmente a China.
Una fortalecida y bien desarrollada industria agrícola y ganadera ubica a Brasil como uno de los graneros del mundo. Todos quieren sus granos, todos buscan su carne.
El otro ámbito que entraña contrastes, y en el que México se ve mal a contraluz de Brasil, es el manejo de la deuda.
Aprovechando los ingresos petroleros, el presidente Lula pagó anticipadamente sus compromisos financieros con el FMI.
Y hay más contrastes: el régimen actual ha promovido una serie de reformas para reducir los impuestos e incrementar la inversión en infraestructura, rumbo contrario al de México, que debate hoy un paquete fiscal con tintes recesivos, mientras que Brasil se ha puesto a tono con la estrategia de otros países de aplicar políticas para inyectar liquidez a la economía.
Los resultados económicos han redituado dividendos en imagen, a tal punto que Brasil logró no sólo ser la sede del Mundial de Futbol en 2014, sino también de los Juegos Olímpicos en 2016.
Todo el mundo ve a Brasil como un ejemplo a seguir. Una nación que se perfila como la quinta economía mundial.
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RUSIA. RESERVAS DE CRUDO
Rusia experimenta hoy nuevos rumbos. El país de los zares, el de Pedro y Catalina la Grande, el que instauró el comunismo en la Revolución de 1917, coquetea hoy con el capitalismo.
Es la potencia que invadió Polonia en la Segunda Guerra Mundial, la que trabajó del lado de Hitler, la que fue manejada por la brutalidad por Stalin y Lenin.
Fue la nación que en los 80 sorprendió al mundo con la perestroika y el glasnost de Gorbachov y, más aún, con la desmembración del imperio y su reorganización en la Federación Rusa en 1993.
No es exagerado decir que la Rusia que gobierna Dmitri Medvédev desde 2008 empezó a ensayar desde 1990 el experimento de privatización más grande de toda la historia.
Tan es así, que el ex imperio soviético ha empezado a escribir historias de éxito como una de las naciones BRIC, junto con China, la India y Brasil.
Aunque el FMI estima que la economía rusa se contraerá 7.5 por ciento en 2009, una caída similar a la de México, por una dependencia del petróleo mayor que la de nuestro país, y en general de las materias primas, Rusia ya armó una estrategia que, a decir de los expertos, amortiguó el impacto.
Antes hay que decir que la ex nación zarista y ex comunista es un buen ejemplo de cómo se puede tener arrestos para quemar las naves ideológicas y dar un giro de 180 grados en la conducción económica, abriendo el país a las prácticas del capitalismo para modernizar su economía.
Aunque en el plano político subsiste un sistema semiautoritario no exento de riesgos de inestabilidad y el tejido social sufre las consecuencias del vuelco con la proliferación de las mafias, las políticas económicas están abriendo espacios para mejorar el bienestar, un antídoto eficaz de largo plazo para dar viabilidad al país.
Tras las reformas impulsadas a mediados de los 90, la economía rusa ha tenido un crecimiento promedio anual de 5 por ciento de 2001 a 2009, incluyendo la caída del PIB este año.
¿Cuánto ha crecido México en el mismo lapso, también en promedio?: 1.5 por ciento, índice cercano al estancamiento.
Pero hay una estrategia económica anticrisis que implementó Rusia en 2008. Fue el año en que estalló la recesión internacional que derrumbó los mercados financieros y los precios de los commodities, incluido el petróleo, y enfrió la demanda a lo largo y ancho del planeta.
Una estrategia que si México la hubiese concretado, le habría ahorrado algunas calamidades. Como el pesado paquete fiscal que busca recaudar más de 150 mil millones de pesos de los bolsillos de los mexicanos en momentos en que la nación registra su peor momento en la historia moderna.
Se trata de mantener un fondo de reserva de 200 mil millones de dólares de los ingresos petroleros de la época de jauja de los petroprecios. Y Rusia acumuló 600 mil millones de reservas gracias a los días de prosperidad del crudo.
Eran fondos destinados a ser utilizados cuando se presentara una baja en el precio del petróleo. Y la necesidad se dio. Rusia ahorró en tiempos de vacas gordas para gastarlos en tiempos de vacas flacas.
Estos fondos fueron aplicados a un programa de apoyo para estabilizar la economía, incluyendo un recorte de impuestos de 20 mil millones de dólares.
Adicionalmente, las reservas acumuladas permitieron contar con márgenes financieros para defender el rublo, que está sobrevaluado.
Tal esfuerzo ha consumido parte de las reservas internacionales, que cayeron a 380 mil millones de dólares. Aún así, son 4.1 veces superiores a las de México.
Pero la política de ahorro de divisas ha permitido a Rusia sortear bien el temporal de la crisis internacional.
Y hay avances en otros frentes. El programa económico del presidente Medvédev ha logrado reducir la pobreza y el desempleo.
Hay muchos temas pendientes en este complejo país. Entre otros, combatir la corrupción, mejorar el sistema de justicia y, en general, armar las instituciones que habrían espantado a Lenin y Stalin. Pero se están abriendo vías para reenderezar el rumbo.
Pese a los múltiples problemas, los actuales mandamases de Rusia no tienen dudas sobre cómo jugar en el terreno económico.
Se trata de reducir el rol del Estado en la economía, mejorar la infraestructura, innovar, reformar los sistemas bancario y fiscal, además de modernizar el sistema financiero.
Capitalismo, pues. Y, por cierto, al mejor estilo y con mejores resultados que el que se practica por estos rumbos.
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CHINA. EXPLOSIÓN DEL AHORRO
Probablemente, Mao debe estarse revolcando en su tumba, pero los mil 300 millones de chinos están viendo que las novedosas instituciones económicas del capitalismo están mejorando su nivel de vida.
Viniendo desde muy abajo, China -miembro distinguido de los países BRIC- es probablemente el caso más impresionante de resurgimiento económico de todos los tiempos. Y hay un aluvión de cifras que lo demuestran.
Su crecimiento anual promedio en las últimas décadas es cercano a 10 por ciento. Precisamente, ése fue el índice de 2001 a 2009, lapso en el que México logró apenas un ritmo de crecimiento de 1.3 por ciento.
Las medidas de los líderes chinos han logrado que, contra todos los pronósticos, el crecimiento se ubique en 8.5 por ciento en 2009, que es el peor año de la economía mundial.
Y es que China se ha convertido en una gigantesca maquinaria para generar divisas a través de las corrientes de comercio y capital.
En 2008, las exportaciones alcanzaron los mil 435 miles de millones de dólares, cinco veces más que las de México.
Su balanza positiva de comercio exterior -exportaciones menos importaciones- más su balanza de cuentas de capital, también favorable -entradas de créditos e inversión extranjera menos salidas- suman un impresionante 8.6 por ciento del PIB.
La danza de números para Ripley no termina ahí. La inversión como porcentaje del PIB -que es lo mismo que el ahorro-representa 40 por ciento, índice que no concretó ni Japón cuando estuvo de moda como milagro económico allá por los 80, y que tampoco tuvo México cuando fue ejemplo de modelo económico en los 50 y 60.
El impulso fuerte de las reformas se dio a principios de los 90, con Deng Xiaoping, el ideólogo del nuevo capitalismo chino.
Esas reformas estaban centradas en la liberalización de precios, modificaciones al esquema de producción agrícola, promoción de zonas económicas especiales con regímenes fiscales diferentes de los del resto del país.
También apuntaron hacia la descentralización fiscal, mayor autonomía, eficiencia y productividad de las empresas estatales con fuerte énfasis en la rentabilidad, el desarrollo de su sistema financiero y la promoción del ahorro y la inversión.
¿Qué debería copiar México? Las recetas son múltiples y similares en cierta medida a las de los otros miembros del BRIC.
Destacan las agresivas estrategias de promoción de la inversión extranjera, asunto que despierta escozor en estos rumbos del planeta.
Por lo pronto, las recetas económicas Chinas también surtieron efecto para enfrentar la actual recesión. El ex país de Mao no sólo logró crecer en tiempos de crisis, sino ayudar al mundo con un plan anticrisis de 586 mil millones de dólares que se espera contribuya a la recuperación económica internacional.
Esta capacidad se materializa en fondos y reservas soberanas superiores a los 2 trillones de dólares y una inversión extranjera directa de más de 80 mil millones de dólares.
Las palabras que pronunció Deng Xiaoping en 1992, durante la llamada "inspección del sur", una de las zonas que más se había beneficiado de la apertura china, revelan los nuevos tiempos: "La esencia del socialismo es lograr la prosperidad común (...) la clave es el desarrollo económico".
¿Realmente se recupera la economia mundial?
A más de dos años desde el primer episodio de la crisis financiera que convulsionó las mayores fuentes del crédito en los mercados financieros, como en una película a toda velocidad, hemos visto quiebras, nacionalizaciones, fondos gubernamentales para rescates impensables incluso en tiempos de guerra. Simultáneamente, la actividad económica descendió como cayendo repentinamente en abismos, apareciendo cifras de contracción económica no vistas hace décadas.
A pesar de la gravedad de la crisis, de sus raíces profundas en la concentración, la creciente desigualdad, la desregulación financiera y el sobreendeudamiento, durante las últimas semanas la confianza está volviendo en los discursos de los más importantes líderes políticos y ejecutivos financieros. Como si fuera posible simplemente retomar el camino y continuar, restablecer la increíble fuerza de la especulación y de las formidables ganancias en los mayores centros financieros, y a partir de ello, que los mercados continúen funcionando. Sin embargo, es poco consistente esta versión de la superación de la crisis, que descansa en que el retorno a números positivos en los mercados de valores y la confianza manifiesta de banqueros e inversionistas, es más que suficiente para asegurar que la economía mundial marchará adecuadamente. Lo anterior evidencia que autoridades gubernamentales tienen intereses coincidentes con los mercados financieros, al grado que afirman que empleo, inversión y bienestar social son solamente un resultante de mercados financieros prósperos.
Sin embargo, la prosperidad coyuntural de las últimas semanas en los mercados descansa más en los cambios en las regulaciones contables sobre la valuación de activos tóxicos, que sobre una reordenación del modelo económico que condujo a la crisis actual. Por ello, aunque los signos diversos de recuperación están en la prensa financiera, por ahora no es posible confirmarla, ya que en realidad está en curso, puesto que aún falta mucho en la reestructuración de los mercados financieros (quiebras, fusiones) antes de que el curso del crédito se restablezca. Por ahora, los mayores perdedores de la crisis financiera son los pueblos cuyos gobiernos, ocupados en los rescates financieros, han destinado recursos insuficientes para mantener el empleo y consumo.
A pesar de la gravedad de la crisis, de sus raíces profundas en la concentración, la creciente desigualdad, la desregulación financiera y el sobreendeudamiento, durante las últimas semanas la confianza está volviendo en los discursos de los más importantes líderes políticos y ejecutivos financieros. Como si fuera posible simplemente retomar el camino y continuar, restablecer la increíble fuerza de la especulación y de las formidables ganancias en los mayores centros financieros, y a partir de ello, que los mercados continúen funcionando. Sin embargo, es poco consistente esta versión de la superación de la crisis, que descansa en que el retorno a números positivos en los mercados de valores y la confianza manifiesta de banqueros e inversionistas, es más que suficiente para asegurar que la economía mundial marchará adecuadamente. Lo anterior evidencia que autoridades gubernamentales tienen intereses coincidentes con los mercados financieros, al grado que afirman que empleo, inversión y bienestar social son solamente un resultante de mercados financieros prósperos.
Sin embargo, la prosperidad coyuntural de las últimas semanas en los mercados descansa más en los cambios en las regulaciones contables sobre la valuación de activos tóxicos, que sobre una reordenación del modelo económico que condujo a la crisis actual. Por ello, aunque los signos diversos de recuperación están en la prensa financiera, por ahora no es posible confirmarla, ya que en realidad está en curso, puesto que aún falta mucho en la reestructuración de los mercados financieros (quiebras, fusiones) antes de que el curso del crédito se restablezca. Por ahora, los mayores perdedores de la crisis financiera son los pueblos cuyos gobiernos, ocupados en los rescates financieros, han destinado recursos insuficientes para mantener el empleo y consumo.
lunes, 9 de noviembre de 2009
Nadal, Alejandro.Macroeconomía: ¿de agua dulce o salada?
Si algo aclaró la crisis de 2008-2009 es que esta generación de economistas no tenía la más mínima idea de cómo funciona una economía monetaria. La gran mayoría tenía un compromiso ideológico con una teoría del mercado cuyo nulo contenido científico impidió ver los síntomas de la hecatombe. Su enamoramiento con las fáciles recetas del neoliberalismo los llevó a una cosmovisión en la que las crisis no existen.
Sin embargo, hoy casi todos los economistas (en Estados Unidos, Europa, Japón, China y Brasil) aceptan que se necesita algún tipo de intervención estatal para sacar del atolladero a la economía. Y si bien es cierto que los dividen preguntas sobre los instrumentos de la intervención estatal o la duración de dicha acción, casi nadie se preocupa si lo califican de keynesiano.
Esto es un cambio mayúsculo. Después de todo, hasta hace poco keynesiano era un epíteto peyorativo. Pero hay que decirlo con claridad: no estamos frente a la transformación que se necesita. Y es que el calificativo keynesiano es resultado de un largo proceso en el que la obra de Keynes fue, primero, edulcorada, después, tergiversada y, finalmente, destruida.
En Estados Unidos la diferencia entre economistas keynesianos y los que pensaban que la intervención gubernamental era inútil comenzó a ser descrita con la expresión macroeconomistas de agua salada y de agua dulce en 1988. Los de agua salada eran los economistas ubicados en las universidades del litoral marítimo de Estados Unidos (Harvard, MIT, Princeton y Stanford). Los de agua dulce estaban en las orillas de los Grandes Lagos (Chicago y Minnesota). A decir verdad, las aguas se mezclaron y muchos economistas de agua salada se convirtieron en peces diádromos, adaptados tanto al agua de mar como a la de los ríos que deben remontar para desovar.
La macroeconomía de agua salada navegaba pensando que ocasionalmente era necesaria la intervención del gobierno para restablecer los equilibrios que por algún problema el mercado no había podido consolidar. Es decir, el mercado tenía la propiedad de alcanzar una posición de equilibrio, pero a veces surgían obstáculos que se lo impedían y ahí se requería la acción del gobierno. Los tripulantes de esta embarcación: Samuelson, Solow, Modigliani y otros.
Los macroeconomistas de agua dulce (Friedman, Lucas, Sargent) estaban convencidos de que esa intervención era inoperante porque los agentes en la economía podían adaptarse muy rápidamente a la acción del gobierno. Lo único que surge cuando el gobierno se entromete es inflación y desempleo.
La posición de los macroeconomistas de agua salada estuvo asociada con el nombre de Keynes. Pero esto es parte de la confusión de los últimos 70 años. Para la macro de agua salada, la preocupación de Keynes por el desempleo se reducía a identificar las rigideces del mercado que impedían alcanzar una posición de pleno empleo. La intervención estatal debía concentrarse en eliminarlas.
Eso es absurdo. El proyecto de Keynes partía de la base de que aun sin obstáculos ni rigideces en el mercado laboral (o algún otro), el capitalismo podía mantener niveles de desempleo intolerables. Este proyecto tenía un componente teórico profundo cuyo ingrediente central es la incertidumbre, definida como un estado de cosas que no puede ser objeto de un cálculo probabilístico para medir niveles de riesgo. Como la incertidumbre afecta las decisiones de inversión y de composición de la cartera de activos de todos los agentes económicos, es imposible asegurar la estabilidad de los mercados. A ese proyecto analítico estaban asociadas implicaciones de política económica muy importantes.
El ingrediente subversivo en ese esquema no pasó desapercibido para un mundo académico firmemente anclado en las creencias religiosas de los mercados eficientes y bien portados. Por eso, a partir de 1936, año en que Keynes publicó su Teoría general, sus aportaciones fueron desvirtuadas, recuperadas y finalmente destruidas por una comunidad académica cada vez más temerosa de emprender un trabajo genuinamente científico.
Esa historia es demasiado larga para contarse en este espacio. Pero es importante llamar la atención sobre esta evolución con el fin de disipar un poco la confusión e ir sentando las bases de una transformación en la investigación y la docencia. De todos modos, una conclusión es clara: los keynesianos tienen muy poco que ver con Keynes y, por otro lado, la escuelita de agua dulce quedó rebasada por los acontecimientos.
Epílogo: la expresión marinero de agua dulce se utiliza en sentido peyorativo para denotar navegantes que no pueden aventurarse más allá de un lago o río. El corolario es que el verdadero marinero es aquél que cruza los siete mares. Ahora que si se aplica la metáfora a nuestro país, no se puede evitar concluir que la macroeconomía de la Secretaría de Hacienda y del Banco de México no es ni de agua dulce ni de agua salada. Esos marineros zozobran desde hace mucho en un charco de agua estancada.
http://nadal.com.mx
Sin embargo, hoy casi todos los economistas (en Estados Unidos, Europa, Japón, China y Brasil) aceptan que se necesita algún tipo de intervención estatal para sacar del atolladero a la economía. Y si bien es cierto que los dividen preguntas sobre los instrumentos de la intervención estatal o la duración de dicha acción, casi nadie se preocupa si lo califican de keynesiano.
Esto es un cambio mayúsculo. Después de todo, hasta hace poco keynesiano era un epíteto peyorativo. Pero hay que decirlo con claridad: no estamos frente a la transformación que se necesita. Y es que el calificativo keynesiano es resultado de un largo proceso en el que la obra de Keynes fue, primero, edulcorada, después, tergiversada y, finalmente, destruida.
En Estados Unidos la diferencia entre economistas keynesianos y los que pensaban que la intervención gubernamental era inútil comenzó a ser descrita con la expresión macroeconomistas de agua salada y de agua dulce en 1988. Los de agua salada eran los economistas ubicados en las universidades del litoral marítimo de Estados Unidos (Harvard, MIT, Princeton y Stanford). Los de agua dulce estaban en las orillas de los Grandes Lagos (Chicago y Minnesota). A decir verdad, las aguas se mezclaron y muchos economistas de agua salada se convirtieron en peces diádromos, adaptados tanto al agua de mar como a la de los ríos que deben remontar para desovar.
La macroeconomía de agua salada navegaba pensando que ocasionalmente era necesaria la intervención del gobierno para restablecer los equilibrios que por algún problema el mercado no había podido consolidar. Es decir, el mercado tenía la propiedad de alcanzar una posición de equilibrio, pero a veces surgían obstáculos que se lo impedían y ahí se requería la acción del gobierno. Los tripulantes de esta embarcación: Samuelson, Solow, Modigliani y otros.
Los macroeconomistas de agua dulce (Friedman, Lucas, Sargent) estaban convencidos de que esa intervención era inoperante porque los agentes en la economía podían adaptarse muy rápidamente a la acción del gobierno. Lo único que surge cuando el gobierno se entromete es inflación y desempleo.
La posición de los macroeconomistas de agua salada estuvo asociada con el nombre de Keynes. Pero esto es parte de la confusión de los últimos 70 años. Para la macro de agua salada, la preocupación de Keynes por el desempleo se reducía a identificar las rigideces del mercado que impedían alcanzar una posición de pleno empleo. La intervención estatal debía concentrarse en eliminarlas.
Eso es absurdo. El proyecto de Keynes partía de la base de que aun sin obstáculos ni rigideces en el mercado laboral (o algún otro), el capitalismo podía mantener niveles de desempleo intolerables. Este proyecto tenía un componente teórico profundo cuyo ingrediente central es la incertidumbre, definida como un estado de cosas que no puede ser objeto de un cálculo probabilístico para medir niveles de riesgo. Como la incertidumbre afecta las decisiones de inversión y de composición de la cartera de activos de todos los agentes económicos, es imposible asegurar la estabilidad de los mercados. A ese proyecto analítico estaban asociadas implicaciones de política económica muy importantes.
El ingrediente subversivo en ese esquema no pasó desapercibido para un mundo académico firmemente anclado en las creencias religiosas de los mercados eficientes y bien portados. Por eso, a partir de 1936, año en que Keynes publicó su Teoría general, sus aportaciones fueron desvirtuadas, recuperadas y finalmente destruidas por una comunidad académica cada vez más temerosa de emprender un trabajo genuinamente científico.
Esa historia es demasiado larga para contarse en este espacio. Pero es importante llamar la atención sobre esta evolución con el fin de disipar un poco la confusión e ir sentando las bases de una transformación en la investigación y la docencia. De todos modos, una conclusión es clara: los keynesianos tienen muy poco que ver con Keynes y, por otro lado, la escuelita de agua dulce quedó rebasada por los acontecimientos.
Epílogo: la expresión marinero de agua dulce se utiliza en sentido peyorativo para denotar navegantes que no pueden aventurarse más allá de un lago o río. El corolario es que el verdadero marinero es aquél que cruza los siete mares. Ahora que si se aplica la metáfora a nuestro país, no se puede evitar concluir que la macroeconomía de la Secretaría de Hacienda y del Banco de México no es ni de agua dulce ni de agua salada. Esos marineros zozobran desde hace mucho en un charco de agua estancada.
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viernes, 6 de noviembre de 2009
Con el SME, hasta las últimas consecuencias
Fueron a sus asambleas sindicales, centros de trabajo y escuelas, a sus colonias, comunidades y campos de labranza; en fin, fueron a todos lados y regresaron a responder a los electricistas: vamos con ustedes al paro cívico nacional el próximo día 11.
Para eso llegaron aquí desde maestros de Baja California Sur hasta jubilados de Yucatán. Y se presentaron también chavos de instituciones de educación pública media y superior, y telefonistas; campesinos de Atenco, delegados de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca y muchos más.
Y se realizará ese paro porque, para sellar el compromiso, desde las cinco de la tarde comenzó el pase puntual ante los micrófonos y todos, con matices en la radicalidad de las acciones aprobadas, expresaron emocionados que irán hasta las últimas consecuencias, porque el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) ¡no está solo!
Los esmeitas dejaron el auditorio a sus invitados y sólo un grupo se ubicó en la parte superior. Pero los gritos y consignas alcanzaron tal unanimidad que ahí se borró toda procedencia gremial pues, como dijera una activista de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México: el SME somos todos.
La acústica del auditorio hacía retumbar los muros ante las respuestas de agradecimiento a las expresiones de solidaridad, pero lo más impresionante fue que en la calle, donde había al menos el doble de la gente que logró ingresar al recinto, lo que se escuchó mediante potentes altavoces despertó la misma enjundia y la suma de consignas.
Ahí estaban, sobre todo, sindicalistas del SME que contra vientos y tentaciones, apremios económicos y el estigma social y laboral de algunos, se han mantenido firmes en su convicción de revertir la extinción de su fuente de trabajo.
Así, entre el friazo que se colaba por las delgadas chamarras y con muchos fumando en forma incesante, refrendaron su convicción de que el apoyo que han recibido estas semanas bien vale para seguir adelante.
“Somos linieros y sabemos que todo esto es político. Hemos vivido años exponiendo la vida a diario al trabajar con líneas vivas y no vamos a dejarnos. Entendemos a los compañeros que han ido por su liquidación, porque muchos ya están ahorcados, pero es mentira que hayan ido tantos como dice el secretario del Trabajo. No llegan ni a 10 mil...”, comentaba una cuarteta de hombres sobre la banqueta donde se ubica el sindicato, en Insurgentes Centro.
Se trata de un tema recurrente. Casi cuatro semanas después de haber sido despojados de su materia de trabajo, la nostalgia los invade y una vez que se presentan ante cualquier interlocutor, convencidos de seguir en la resistencia, de inmediato se explayan –sobre todo los operativos– al detallar la naturaleza de su oficio; lo mismo si estaban en instalaciones subterráneas, en obras civiles, si eran linieros o se jugaban la vida en las torres de alta tensión.
Así ocurre, afirmaron, con los trabajos manuales. Se enraizan en el alma, se quedan para siempre en el cuerpo. Por eso el SME logró la prestación de otorgar vacaciones prejubilatorias a quienes llegaran a esa condición. “Y lo hicieron así porque muchos no sabían aceptar la condición de jubilados, se deprimían, morían muy rápido. Esas vacaciones eran para que tomaran un curso y se prepararan…”
Viejos luchadores del sindicalismo magisterial comentaron que la concertación de fuerzas y la comunión de intereses como las logradas por el SME no se habían presentado en México por lo menos desde 1982, cuando se impulsó el Paro Cívico Nacional, que fue el más fuerte desde los tiempos de la Corriente Democrática de Rafael Galván, en los años 70.
Por eso este viernes el auditorio se prende, y gran parte de ese estado de ánimo es contagiado por los estudiantes. Ellos ya ofrecieron cerrar vialidades y sus escuelas. Su asambleísmo por la causa del SME les ha inyectado nuevos bríos porque, aseguran, la educación superior también vive momentos críticos y sumarse a los electricistas puede abonar para su causa.
Están prestos para el próximo miércoles. Con ese pacto se marcharon pasadas las nueve y media de la noche. A partir de hoy, decían mientras entraban de nuevo al frío del que se olvidaron cinco horas, hay mucho trabajo.
Saben que del éxito que se alcancen el día 11 dependerán las posibilidades de estallar lo que aquí se reclamó a gritos, incluso con llamados a Martín Esparza para ponerle fecha: la huelga nacional.
Para eso llegaron aquí desde maestros de Baja California Sur hasta jubilados de Yucatán. Y se presentaron también chavos de instituciones de educación pública media y superior, y telefonistas; campesinos de Atenco, delegados de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca y muchos más.
Y se realizará ese paro porque, para sellar el compromiso, desde las cinco de la tarde comenzó el pase puntual ante los micrófonos y todos, con matices en la radicalidad de las acciones aprobadas, expresaron emocionados que irán hasta las últimas consecuencias, porque el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) ¡no está solo!
Los esmeitas dejaron el auditorio a sus invitados y sólo un grupo se ubicó en la parte superior. Pero los gritos y consignas alcanzaron tal unanimidad que ahí se borró toda procedencia gremial pues, como dijera una activista de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México: el SME somos todos.
La acústica del auditorio hacía retumbar los muros ante las respuestas de agradecimiento a las expresiones de solidaridad, pero lo más impresionante fue que en la calle, donde había al menos el doble de la gente que logró ingresar al recinto, lo que se escuchó mediante potentes altavoces despertó la misma enjundia y la suma de consignas.
Ahí estaban, sobre todo, sindicalistas del SME que contra vientos y tentaciones, apremios económicos y el estigma social y laboral de algunos, se han mantenido firmes en su convicción de revertir la extinción de su fuente de trabajo.
Así, entre el friazo que se colaba por las delgadas chamarras y con muchos fumando en forma incesante, refrendaron su convicción de que el apoyo que han recibido estas semanas bien vale para seguir adelante.
“Somos linieros y sabemos que todo esto es político. Hemos vivido años exponiendo la vida a diario al trabajar con líneas vivas y no vamos a dejarnos. Entendemos a los compañeros que han ido por su liquidación, porque muchos ya están ahorcados, pero es mentira que hayan ido tantos como dice el secretario del Trabajo. No llegan ni a 10 mil...”, comentaba una cuarteta de hombres sobre la banqueta donde se ubica el sindicato, en Insurgentes Centro.
Se trata de un tema recurrente. Casi cuatro semanas después de haber sido despojados de su materia de trabajo, la nostalgia los invade y una vez que se presentan ante cualquier interlocutor, convencidos de seguir en la resistencia, de inmediato se explayan –sobre todo los operativos– al detallar la naturaleza de su oficio; lo mismo si estaban en instalaciones subterráneas, en obras civiles, si eran linieros o se jugaban la vida en las torres de alta tensión.
Así ocurre, afirmaron, con los trabajos manuales. Se enraizan en el alma, se quedan para siempre en el cuerpo. Por eso el SME logró la prestación de otorgar vacaciones prejubilatorias a quienes llegaran a esa condición. “Y lo hicieron así porque muchos no sabían aceptar la condición de jubilados, se deprimían, morían muy rápido. Esas vacaciones eran para que tomaran un curso y se prepararan…”
Viejos luchadores del sindicalismo magisterial comentaron que la concertación de fuerzas y la comunión de intereses como las logradas por el SME no se habían presentado en México por lo menos desde 1982, cuando se impulsó el Paro Cívico Nacional, que fue el más fuerte desde los tiempos de la Corriente Democrática de Rafael Galván, en los años 70.
Por eso este viernes el auditorio se prende, y gran parte de ese estado de ánimo es contagiado por los estudiantes. Ellos ya ofrecieron cerrar vialidades y sus escuelas. Su asambleísmo por la causa del SME les ha inyectado nuevos bríos porque, aseguran, la educación superior también vive momentos críticos y sumarse a los electricistas puede abonar para su causa.
Están prestos para el próximo miércoles. Con ese pacto se marcharon pasadas las nueve y media de la noche. A partir de hoy, decían mientras entraban de nuevo al frío del que se olvidaron cinco horas, hay mucho trabajo.
Saben que del éxito que se alcancen el día 11 dependerán las posibilidades de estallar lo que aquí se reclamó a gritos, incluso con llamados a Martín Esparza para ponerle fecha: la huelga nacional.
Van al paro cívico contra la extinción de Luz y Fuerza
En la segunda asamblea de la resistencia popular, organizaciones sindicales, campesinas, estudiantiles y sociales acordaron sumarse al paro cívico nacional propuesto por el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) para el 11 de noviembre, y anunciaron que éste será el primer ensayo rumbo a la huelga política.
Una vez más, exigieron la derogación del decreto de extinción de Luz y Fuerza del Centro (LFC) y la salida de la Policía Federal de las instalaciones de la empresa. Algunos reclamaron la renuncia de Felipe Calderón.
El plan de acción incluye el paro promovido por los sindicatos y la suspensión de labores en planteles de educación básica en las que tiene influencia la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), así como en instituciones de niveles medio superior y superior.
Además, la toma simbólica de 10 dependencias públicas, a las cuales el próximo miércoles simpatizantes del Movimiento Nacional en Defensa de la Economía Popular, encabezado por Andrés Manuel López Obrador, no permitirán la entrada de empleados públicos a laborar, adelantó Jesusa Rodríguez.
Se anunciaron manifestaciones en carreteras y una campaña informativa para hacer frente a los ataques difundidos en medios de comunicación contra el SME.
A la asamblea asistieron representantes de grupos sindicales, sociales, campesinos y estudiantiles, así como integrantes del SME. El auditorio del sindicato fue insuficiente para dar cabida a todos los asistentes y de nuevo se colocaron altoparlantes en calles aledañas al inmueble, ubicado en Insurgentes 98.
Luego de cuatro horas de manifestaciones de apoyo, el secretario general del SME, Martín Esparza Flores, advirtió que el rumbo del país se define del 11 de noviembre en adelante y llamó a los partidos políticos y a los dirigentes sociales a salir a organizar al pueblo de México.
Antes, el secretario del interior, Humberto Montes de Oca, dijo a los representantes de decenas de organizaciones: cada quién cosecha lo que siembra y hoy el SME se honra en cosechar la solidaridad del pueblo de México; sin embargo, el gobierno también cosecha lo suyo: 20 años de neoliberalismo que hoy quiere coronar sacrificando a una empresa pública y a un sindicato.
Uno a uno de los líderes subieron al estrado para fijar su posición ante el llamado al paro cívico. Se comprometieron a cerrar planteles de las universidades Autónoma Metropolitana, de la Ciudad de México, Pedagógica Nacional, Nacional Autónoma de México y del Instituto Politécnico Nacional, así como centros educativos de otras instituciones.
Participarán integrantes de la Coordinadora Nacional de Sindicatos de Trabajadores Universitarios, Situam, Sutin, Sutcolmex, INA e INBA con diversas acciones.
Intervinieron más de 20 representantes. Todos se comprometieron a sumarse a la lucha del SME y a colaborar, de acuerdo con sus posibilidades, en el plan de acción. Es el caso de organizaciones que integran el Diálogo Nacional, el Frente Sindical Mexicano, la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, la Coordinadora Movimiento Popular y el Frente Popular Francisco Villa.
También participaron diputados federales y locales del PRD que este viernes interpondrán una controversia constitucional ante la Suprema Corte para revertir el decreto de extinción de LFC.
Entre los sindicatos que anunciaron paro de actividades están el de Trabajadores del Poder Judicial del Distrito Federal; Alianza de Tranviarios de México, y de Trabajadores de Occidente (antes Euzkadi), que anunció el cierre de la carretera a Chapala. Pese a estar en huelga desde hace 17 días,trabajadores del Colegio de Bachilleres manifestaron su respaldo.
También asistieron dirigentes del Frente Nacional de Organizaciones Campesinas y Populares, del Consejo Nacional de Organismos Campesinos y Pesqueros, grupos de jubilados y El Barzón Popular, entre otros.
Casi al término de las intervenciones el líder de los tranviarios, Benito Bahena, dijo que es tiempo de dejar las simulaciones porque grupos como la Unión Nacional de Trabajadores deben apoyar al SME sin cortapisas. Esto, porque los enviados de los telefonistas y del Stunam habían anunciado que pondrán a consideración de sus bases la forma en que se sumarán al paro.
Los telefonistas dicen que suspenderán actividades en los servicios de cobranza en sucursales y de operadoras, posiblemente entre cuatro y ocho horas, pero todo depende de lo que decida este sábado la asamblea a la que invitaron a Esparza Flores.
Al representante del Stunam los asistentes a la asamblea, en gran parte estudiantes, le exigieron: ¡huelga, huelga!
Una vez más, exigieron la derogación del decreto de extinción de Luz y Fuerza del Centro (LFC) y la salida de la Policía Federal de las instalaciones de la empresa. Algunos reclamaron la renuncia de Felipe Calderón.
El plan de acción incluye el paro promovido por los sindicatos y la suspensión de labores en planteles de educación básica en las que tiene influencia la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), así como en instituciones de niveles medio superior y superior.
Además, la toma simbólica de 10 dependencias públicas, a las cuales el próximo miércoles simpatizantes del Movimiento Nacional en Defensa de la Economía Popular, encabezado por Andrés Manuel López Obrador, no permitirán la entrada de empleados públicos a laborar, adelantó Jesusa Rodríguez.
Se anunciaron manifestaciones en carreteras y una campaña informativa para hacer frente a los ataques difundidos en medios de comunicación contra el SME.
A la asamblea asistieron representantes de grupos sindicales, sociales, campesinos y estudiantiles, así como integrantes del SME. El auditorio del sindicato fue insuficiente para dar cabida a todos los asistentes y de nuevo se colocaron altoparlantes en calles aledañas al inmueble, ubicado en Insurgentes 98.
Luego de cuatro horas de manifestaciones de apoyo, el secretario general del SME, Martín Esparza Flores, advirtió que el rumbo del país se define del 11 de noviembre en adelante y llamó a los partidos políticos y a los dirigentes sociales a salir a organizar al pueblo de México.
Antes, el secretario del interior, Humberto Montes de Oca, dijo a los representantes de decenas de organizaciones: cada quién cosecha lo que siembra y hoy el SME se honra en cosechar la solidaridad del pueblo de México; sin embargo, el gobierno también cosecha lo suyo: 20 años de neoliberalismo que hoy quiere coronar sacrificando a una empresa pública y a un sindicato.
Uno a uno de los líderes subieron al estrado para fijar su posición ante el llamado al paro cívico. Se comprometieron a cerrar planteles de las universidades Autónoma Metropolitana, de la Ciudad de México, Pedagógica Nacional, Nacional Autónoma de México y del Instituto Politécnico Nacional, así como centros educativos de otras instituciones.
Participarán integrantes de la Coordinadora Nacional de Sindicatos de Trabajadores Universitarios, Situam, Sutin, Sutcolmex, INA e INBA con diversas acciones.
Intervinieron más de 20 representantes. Todos se comprometieron a sumarse a la lucha del SME y a colaborar, de acuerdo con sus posibilidades, en el plan de acción. Es el caso de organizaciones que integran el Diálogo Nacional, el Frente Sindical Mexicano, la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, la Coordinadora Movimiento Popular y el Frente Popular Francisco Villa.
También participaron diputados federales y locales del PRD que este viernes interpondrán una controversia constitucional ante la Suprema Corte para revertir el decreto de extinción de LFC.
Entre los sindicatos que anunciaron paro de actividades están el de Trabajadores del Poder Judicial del Distrito Federal; Alianza de Tranviarios de México, y de Trabajadores de Occidente (antes Euzkadi), que anunció el cierre de la carretera a Chapala. Pese a estar en huelga desde hace 17 días,trabajadores del Colegio de Bachilleres manifestaron su respaldo.
También asistieron dirigentes del Frente Nacional de Organizaciones Campesinas y Populares, del Consejo Nacional de Organismos Campesinos y Pesqueros, grupos de jubilados y El Barzón Popular, entre otros.
Casi al término de las intervenciones el líder de los tranviarios, Benito Bahena, dijo que es tiempo de dejar las simulaciones porque grupos como la Unión Nacional de Trabajadores deben apoyar al SME sin cortapisas. Esto, porque los enviados de los telefonistas y del Stunam habían anunciado que pondrán a consideración de sus bases la forma en que se sumarán al paro.
Los telefonistas dicen que suspenderán actividades en los servicios de cobranza en sucursales y de operadoras, posiblemente entre cuatro y ocho horas, pero todo depende de lo que decida este sábado la asamblea a la que invitaron a Esparza Flores.
Al representante del Stunam los asistentes a la asamblea, en gran parte estudiantes, le exigieron: ¡huelga, huelga!
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Convoca SME a Paro Civico Nacional
Convoca a paro cívico nacional; ratifica que el 11 tomará pacíficamente recintos de LFC
La Corte debe reponer el orden que rompió Calderón con el decreto, demanda el SME
Rosa Elvira Vargas y Patricia Muñoz
Periódico La Jornada
Miércoles 4 de noviembre de 2009, p. 10
Con el decreto que extinguió a Luz y Fuerza del Centro (LFC), el presidente Felipe Calderón rompió el pacto social, el orden constitucional y, en los hechos, dio un golpe de Estado. La única forma de revertir este caos y mantener la paz en la República está en la intervención de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), puntualizaron ayer los dirigentes sindicales, legisladores y líderes políticos participantes en una nueva concentración convocada por el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME).
En ella, el SME ratificó su determinación de recuperar el próximo día 11, por la vía pacífica, las instalaciones de la paraestatal y alertó sobre la existencia de un plan para encarcelar en los próximos días a líderes del gremio.
La convicción de que con su movimiento, más allá de su fuente de trabajo, el SME está defendiendo al país y a la Constitución, fue expuesta por los diputados Alejandro Encinas, Porfirio Muñoz Ledo y Pedro Jiménez, del PRD, PT y Convergencia, respectivamente, así como por Manuel Bartlett Díaz, del PRI, y por Bertha Luján, representante del Movimiento en Defensa de la Soberanía Nacional. Esto formó parte central del mensaje con el cual cerró el líder de los electricistas, Martín Esparza.
La Corte está para poner orden, de lo contrario, se rompe la República, se rompe el pacto social y observaremos que en adelante podrán sacar decretos para acabar con Pemex, con la Comisión Federal de Electricidad, con el Seguro Social, con la educación para nuestros hijos. ¡Eso no lo podemos permitir!
Respaldo a la juez Coutiño
Convocado apenas la víspera, el mitin en el Monumento a la Revolución fue asimismo un acto público de respaldo a la autonomía y libertad de criterio de la juez de lo laboral Guillermina Coutiño Mata, quien ya otorgó al SME la suspensión provisional contra el inconstitucional e ilegal decreto de extinción de Luz y Fuerza del Centro y el próximo viernes deberá resolver si otorga el amparo definitivo contra la medida presidencial.
Los electricistas denunciaron: Hoy se pretende pasar por encima del Poder Judicial y se ejerce el poder del presidencialismo contra una juez para que resuelva en favor del agravio que se pretende cometer contra los electricistas. Alertamos a la opinión pública, nacional e internacional, respecto de estas insensatas presiones contra la juez Guillermina Coutiño Mata y los invitamos a seguir de cerca el actual proceso que se sigue en las instancias judiciales.
Esparza detalló el plan de acción que siempre por la vía pacífica efectuarán el próximo día 11, cuando se cumple un mes del cierre de LFC: un paro cívico nacional, una gran marcha y la toma de las instalaciones de la paraestatal.
Instó a los diputados presentes: ustedes tienen fuero para que en el marco del derecho muevan los mecanismos en la Cámara y que el 11 de noviembre salga la PFP (sic) de los recintos de Luz y Fuerza del Centro, y los electricistas regresemos a los centros de trabajo.
Resaltó que dispone ya del aval de sus agremiados, de otros sindicatos y de miles de estudiantes para impulsar el paro nacional. “Nuestro compromiso es que no nos vamos a cansar, porque está en juego la estabilidad del país, la paz, el futuro de los mexicanos. El país sale adelante o se convierte en un mercado para los gringos…”
Arengó: ¡Preparemos el 11 de noviembre: que la PFP y el Ejército regresen a sus cuarteles y los electricistas a su centro de trabajo!
El frío no menguó el entusiasmo de los electricistas. Desde temprano ocuparon la explanada del Monumento a la Revolución y entre canciones de Raúl Martell, las mantas de repudio a la medida presidencial y las consignas, esperaron el arribo de sus dirigentes. En una cartulina verde atada a la espalda, un hombre escribió: Ya tengo mi franquicia de $100,000 ¡chicles! ¡chicles! En efecto, vendía goma de mascar a sus compañeros.
Cualquier mención al presidente Calderón, al secretario Javier Lozano o a otros miembros del gabinete, generaban sonoras rechiflas. Hubo también consignas nuevas: ¡Con este desmadre, el PAN chingó a su madre!, rezaba una.
Alejandro Encinas, líder de los diputados federales del PRD, refrendo la solidaridad política, económica y como movimiento social con los electricistas. Dijo que se trabaja con los abogados para interponer la controversia constitucional contra el decreto de extinción de LFC; que hoy se buscará en el pleno cameral, llamar a comparecer al presidente de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, y que se cite de nuevo al secretario del Trabajo, Javier Lozano, para que rinda cuentas y pague el costo político de sus acciones.
Uno de los más ovacionados, Porfirio Muñoz Ledo, orador experimentado, llamó directamente a la huelga general. Dijo que el gobierno está en un momento de debilidad y aseguró al SME: Ustedes son nuestra trinchera, nuestro destino. Con ustedes se juega el respeto a los derechos humanos fundamentales, que son los laborales, y el equilibrio entre los factores de la producción. Son la última frontera para salvar a la empresa pública. ¡Ustedes son el eje!
Bartlett habló sobre la derecha rapaz y de la colusión de traidores nacionales como los artífices de la desaparición de LFC mediante un documento anticonstitucional e ilegal. Tajante, afirmó, que el gobierno de Calderón con esta medida dio un golpe de Estado, porque éste queda definido cuando un gobierno usa a su policía, a su Ejército, a sus secretarios para beneficiarse a sí mismo.
La Corte debe reponer el orden que rompió Calderón con el decreto, demanda el SME
Rosa Elvira Vargas y Patricia Muñoz
Periódico La Jornada
Miércoles 4 de noviembre de 2009, p. 10
Con el decreto que extinguió a Luz y Fuerza del Centro (LFC), el presidente Felipe Calderón rompió el pacto social, el orden constitucional y, en los hechos, dio un golpe de Estado. La única forma de revertir este caos y mantener la paz en la República está en la intervención de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), puntualizaron ayer los dirigentes sindicales, legisladores y líderes políticos participantes en una nueva concentración convocada por el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME).
En ella, el SME ratificó su determinación de recuperar el próximo día 11, por la vía pacífica, las instalaciones de la paraestatal y alertó sobre la existencia de un plan para encarcelar en los próximos días a líderes del gremio.
La convicción de que con su movimiento, más allá de su fuente de trabajo, el SME está defendiendo al país y a la Constitución, fue expuesta por los diputados Alejandro Encinas, Porfirio Muñoz Ledo y Pedro Jiménez, del PRD, PT y Convergencia, respectivamente, así como por Manuel Bartlett Díaz, del PRI, y por Bertha Luján, representante del Movimiento en Defensa de la Soberanía Nacional. Esto formó parte central del mensaje con el cual cerró el líder de los electricistas, Martín Esparza.
La Corte está para poner orden, de lo contrario, se rompe la República, se rompe el pacto social y observaremos que en adelante podrán sacar decretos para acabar con Pemex, con la Comisión Federal de Electricidad, con el Seguro Social, con la educación para nuestros hijos. ¡Eso no lo podemos permitir!
Respaldo a la juez Coutiño
Convocado apenas la víspera, el mitin en el Monumento a la Revolución fue asimismo un acto público de respaldo a la autonomía y libertad de criterio de la juez de lo laboral Guillermina Coutiño Mata, quien ya otorgó al SME la suspensión provisional contra el inconstitucional e ilegal decreto de extinción de Luz y Fuerza del Centro y el próximo viernes deberá resolver si otorga el amparo definitivo contra la medida presidencial.
Los electricistas denunciaron: Hoy se pretende pasar por encima del Poder Judicial y se ejerce el poder del presidencialismo contra una juez para que resuelva en favor del agravio que se pretende cometer contra los electricistas. Alertamos a la opinión pública, nacional e internacional, respecto de estas insensatas presiones contra la juez Guillermina Coutiño Mata y los invitamos a seguir de cerca el actual proceso que se sigue en las instancias judiciales.
Esparza detalló el plan de acción que siempre por la vía pacífica efectuarán el próximo día 11, cuando se cumple un mes del cierre de LFC: un paro cívico nacional, una gran marcha y la toma de las instalaciones de la paraestatal.
Instó a los diputados presentes: ustedes tienen fuero para que en el marco del derecho muevan los mecanismos en la Cámara y que el 11 de noviembre salga la PFP (sic) de los recintos de Luz y Fuerza del Centro, y los electricistas regresemos a los centros de trabajo.
Resaltó que dispone ya del aval de sus agremiados, de otros sindicatos y de miles de estudiantes para impulsar el paro nacional. “Nuestro compromiso es que no nos vamos a cansar, porque está en juego la estabilidad del país, la paz, el futuro de los mexicanos. El país sale adelante o se convierte en un mercado para los gringos…”
Arengó: ¡Preparemos el 11 de noviembre: que la PFP y el Ejército regresen a sus cuarteles y los electricistas a su centro de trabajo!
El frío no menguó el entusiasmo de los electricistas. Desde temprano ocuparon la explanada del Monumento a la Revolución y entre canciones de Raúl Martell, las mantas de repudio a la medida presidencial y las consignas, esperaron el arribo de sus dirigentes. En una cartulina verde atada a la espalda, un hombre escribió: Ya tengo mi franquicia de $100,000 ¡chicles! ¡chicles! En efecto, vendía goma de mascar a sus compañeros.
Cualquier mención al presidente Calderón, al secretario Javier Lozano o a otros miembros del gabinete, generaban sonoras rechiflas. Hubo también consignas nuevas: ¡Con este desmadre, el PAN chingó a su madre!, rezaba una.
Alejandro Encinas, líder de los diputados federales del PRD, refrendo la solidaridad política, económica y como movimiento social con los electricistas. Dijo que se trabaja con los abogados para interponer la controversia constitucional contra el decreto de extinción de LFC; que hoy se buscará en el pleno cameral, llamar a comparecer al presidente de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, y que se cite de nuevo al secretario del Trabajo, Javier Lozano, para que rinda cuentas y pague el costo político de sus acciones.
Uno de los más ovacionados, Porfirio Muñoz Ledo, orador experimentado, llamó directamente a la huelga general. Dijo que el gobierno está en un momento de debilidad y aseguró al SME: Ustedes son nuestra trinchera, nuestro destino. Con ustedes se juega el respeto a los derechos humanos fundamentales, que son los laborales, y el equilibrio entre los factores de la producción. Son la última frontera para salvar a la empresa pública. ¡Ustedes son el eje!
Bartlett habló sobre la derecha rapaz y de la colusión de traidores nacionales como los artífices de la desaparición de LFC mediante un documento anticonstitucional e ilegal. Tajante, afirmó, que el gobierno de Calderón con esta medida dio un golpe de Estado, porque éste queda definido cuando un gobierno usa a su policía, a su Ejército, a sus secretarios para beneficiarse a sí mismo.
domingo, 1 de noviembre de 2009
De X.V.
Eres la compañía con quien hablo
de pronto, a solas.
te forman las palabras
que salen del silencio
y del tanque de sueño en que me ahogo
libre hasta despertar.
Tu mano metálica
endurece la prisa de mi mano
y conduce la pluma
que traza en el papel su litoral.
Tu voz, hoz de eco
es el rebote de mi voz en el muro,
y en tu piel de espejo
me estoy mirando mirarme por mil Argos,
por mí largos segundos.
Pero el menor ruido te ahuyenta
y te veo salir
por la puerta del libro
o por el atlas del techo,
por el tablero del piso,
o la página del espejo,
y me dejas
sin más pulso ni voz y sin más cara,
sin máscara como un hombre desnudo
en medio de una calle de miradas.
de pronto, a solas.
te forman las palabras
que salen del silencio
y del tanque de sueño en que me ahogo
libre hasta despertar.
Tu mano metálica
endurece la prisa de mi mano
y conduce la pluma
que traza en el papel su litoral.
Tu voz, hoz de eco
es el rebote de mi voz en el muro,
y en tu piel de espejo
me estoy mirando mirarme por mil Argos,
por mí largos segundos.
Pero el menor ruido te ahuyenta
y te veo salir
por la puerta del libro
o por el atlas del techo,
por el tablero del piso,
o la página del espejo,
y me dejas
sin más pulso ni voz y sin más cara,
sin máscara como un hombre desnudo
en medio de una calle de miradas.
El verdadero hoyo fiscal 400 grandes empresas (casi) no pagan impuestos
Escudadas en una legislación que los diputados y el gobierno federal no quisieron tocar, los más de 400 grandes consorcios empresariales del país gozan de un excepcional privilegio fiscal: (casi) no pagan impuestos. Lo reconoce la propia
Secretaría de Hacienda en un documento oficial: “400 grandes grupos empresariales acumularon ingresos por 4 billones 960 mil millones de pesos en 2008, pero apenas pagan 1.7 por ciento en promedio de Impuesto Sobre la Renta”. Eso significa, en
otras palabras, que posponen de manera indefinida el pago de impuestos. Tanto que en 2008 quedaron a deber una cantidad cercana a 132 mil millones de pesos. Y nadie sabe, ni las mismas autoridades, si algún día pagarán.
Aunque de la oleada de nuevos impuestos nadie pareció librarse, los 400 consorcios empresariales más importantes del país sí lo hicieron. Salieron prácticamente ilesos. Nadie los tocó.
A pesar de que tanto la Secretaría de Hacienda como los legisladores insinuaron que habría cambios, lo cierto es que ni las autoridades ni los diputados quisieron tocar el llamado “Régimen de Consolidación Fiscal”.
Así que el boquete fiscal, al que tanto se refirió durante meses el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, se mantendrá sin mayor cambio. Y no es un privilegio menor el que se concede a grandes grupos empresariales, según las propias autoridades federales. El Sistema de Administración Tributaria (SAT) envió hace un par de semanas a los integrantes de la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados información contundente:
“El régimen de consolidación fiscal que se contempla en la Ley del Impuesto Sobre la Renta (ISR) permite que alrededor de 400 grandes grupos empresariales, mismos que en conjunto acumularon ingresos por 4 billones 960 mil millones de pesos en 2008, tengan una carga fiscal en ISR de apenas 1.7 por ciento en promedio”.
Esto significa unas 15 veces menos de lo que deberían pagar esos más de 400 consorcios, algunos de los cuales son los más fuertes en su ramo no sólo
en México sino en todo el planeta.
“En un esquema convencional de pago de ISR, que es el seguido por los contribuyentes del régimen general, los grupos empresariales estuvieran obligados al pago de un ISR varias veces mayor al que actualmente pagan”, dice el SAT en un documento titulado “Consolidación / Grandes Contribuyentes”.
El privilegio fiscal será incluso mayor para el próximo año, pues aunque la tasa del ISR subióde 28 a 30 por ciento para empresas medianas y pequeñas y personas físicas (todos los empleados por nómina, por ejemplo), esos grandes grupos pagarán un porcentaje mucho menor.
De dos cuartillas, el texto fue elaborado a “efecto de entregarlo a los integrantes de la Comisión de Hacienda de la H. Cámara de Diputados”, con la finalidad de “proporcionar información precisa y transparente sobre el papel del régimen de consolidación fiscal en la recaudación nacional”.
El SAT explica, por ejemplo, que algunas grandes empresas del sector cosmético tuvieron en 2008 “ingresos acumulables por alrededor de 7.6 mil millones de pesos y sólo pagaron alrededor de 220 millones pesos”.
Otro caso que presentó el SAT a los legisladores son las tiendas de autoservicios, que tuvieron ingresos acumulables por más de 67 mil millones de pesos y sólo pagaron impuestos por 6 mil millones de pesos.
Por ejemplo, los reportes oficiales entregados por 28 de las más grandes empresas del país a la Bolsa Mexicana de Valores revelan que el año pasado sólo pagaron en impuestos el equivalente a 2.1 por ciento de sus ingresos.
Y difirieron pagos, si los llegan a hacer algún día, por una cantidad cercana a la mitad del boquete en las finanzas federales: al menos 132 mil millones de pesos, de acuerdo con un estudio técnico elaborado por el diputado federal del Partido
del Trabajo (PT), Mario Di Constanzo, quien fue secretario técnico de la comisión legislativa que investigó el Fobaproa.
“La pregunta —dice Di Constanzo— es la siguiente: ¿por qué si la Secretaría de Hacienda reconoce que el Régimen de Consolidación Fiscal hace que las empresas eludan impuestos, por qué no quita el régimen y con una reformita quiere rescatar del pasado lo que aparezca? En vez de cerrar esa puerta a las empresas para que no sigan
eludiendo en un futuro”.
Hace más de tres décadas, el gobierno federal estableció medidas fiscales especiales a los grandes empresarios para alentar la inversión y la creación de empleos, pero está medida sigue vigente a pesar de que obtienen ganancias por miles de millones
de pesos.
El Régimen de Consolidación Fiscal, concebido como un sistema de incentivo a las empresas, pero con la condición de que no produjera un daño a las finanzas del país o que, de producirlo, implicara un simple diferimiento en el pago del ISR, se estableció mediante un decreto firmado por Luis Echeverría en junio de 1973.
A través de este mecanismo, incorporado a la Ley del Impuesto Sobre la Renta en 1982, se permite que un grupo de empresas con un mismo accionista mayoritario pueda pagar impuestos como si fuera una sola empresa.
Si un grupo tiene varias empresas, se le permite deducir las pérdidas de algunas de las empresas contra las utilidades de las otras, con lo que los consorcios tienen la posibilidad de crear empresas “diseñadas” expresamente para perder.
Esto, además, les permite posponer o diferir el pago de los impuestos que deberían entregar a las autoridades de Hacienda, a pesar de tener utilidades de miles de millones de pesos.
El propio gobierno federal reconoce que se ha venido privilegiando a estos grupos empresariales, obteniendo una recaudación mínima.
Lorenzo Zambrano, presidente de Cementos Mexicanos (Cemex), una de las mayores compañías cementeras en el mundo, participó hace unos 10 días en el Foro Global de Energías Renovables, organizado por la Secretaría de Energía, en León,
Guanajuato.
Ahí, el empresario responsabilizó a los legisladores del estancamiento de la economía mexicana por no querer, en su opinión, aprobar las reformas necesarias, incluyendo la fiscal.
Zambrano dijo: “Ya llegó el tiempo de dejarnos de maniobras legislativas y agarrar el toro por los cuernos; el país necesita soluciones de fondo y serias para crecer, y de manera particular con el impuesto del 2 por ciento al consumo. En todos los países exitosos se grava el consumo y se desgrava el impuesto a las personas y las empresas”.
Remató el industrial regiomontano, considerado el quinto hombre más acaudalado de México: “No hay otra, por más que nos duela a todos, que subir los impuestos”.
Pagar impuestos no es asunto que agrade a muchos, empezando por el mismo Lorenzo Zambrano.
De acuerdo con el informe anual 2008 presentado por Cemex a la Bolsa Mexicana de Valores, ese consorcio adeuda montos extraordinarios a la Secretaría de Hacienda.
Cementos Mexicanos, que nació en 1906 con la apertura de la planta Cementos Hidalgo y despuntó con la compra de las paraestatales Cementos Anáhuac y Cementos Tolteca, se ha cobijado en el famoso “régimen de consolidación” para diferir el pago de impuestos: sólo en 2008 dejó de pagar más de 38 mil millones de pesos.
Ese adeudo fiscal de Cemex es equiparable al presupuesto del programa
Oportunidades para 2010. Y también es mayor al que recibió la Universidad Nacional Autónoma de México el año pasado. Cemex, con presencia en 50 países, mantuvo en 2008, año marcado por la crisis financiera, ventas estables. “En comparación con el año anterior, nuestras ventas netas se mantuvieron estables al alcanzar 21 mil 695 millones de dólares. Nuestro flujo de efectivo libre después de inversiones en activo fijo por mantenimiento creció 1 por ciento, a 2 mil 600 millones de dólares”, señala el informe anual 2008 presentado a sus accionistas.
Tuvo utilidades brutas de 77 mil 320 millones de pesos, pero la empresa se ampara en el Régimen de Consolidación Fiscal para tener el privilegio de diferir el pago de impuestos.
Y así es todos los años.
Entre las empresas que arrastran una deuda fiscal global de 143 mil millones de pesos con Hacienda se encuentran las siguientes: Cemex, Femsa, Bimbo, Televisa, Bachoco, Kimberly Clark, Elecktra, Iusacel, Maseca, Wal–Mart, Comercial Mexicana,Liverpool, Grupo México, Saba, Posadas, Gigante, Herdez, Alfa Sur, Grupo Asur, Aeropuerto del Pacificoy Peñoles, América Móvil, Palacio de Hierro, Autlán, Telmex y AHMSA.
Secretaría de Hacienda en un documento oficial: “400 grandes grupos empresariales acumularon ingresos por 4 billones 960 mil millones de pesos en 2008, pero apenas pagan 1.7 por ciento en promedio de Impuesto Sobre la Renta”. Eso significa, en
otras palabras, que posponen de manera indefinida el pago de impuestos. Tanto que en 2008 quedaron a deber una cantidad cercana a 132 mil millones de pesos. Y nadie sabe, ni las mismas autoridades, si algún día pagarán.
Aunque de la oleada de nuevos impuestos nadie pareció librarse, los 400 consorcios empresariales más importantes del país sí lo hicieron. Salieron prácticamente ilesos. Nadie los tocó.
A pesar de que tanto la Secretaría de Hacienda como los legisladores insinuaron que habría cambios, lo cierto es que ni las autoridades ni los diputados quisieron tocar el llamado “Régimen de Consolidación Fiscal”.
Así que el boquete fiscal, al que tanto se refirió durante meses el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, se mantendrá sin mayor cambio. Y no es un privilegio menor el que se concede a grandes grupos empresariales, según las propias autoridades federales. El Sistema de Administración Tributaria (SAT) envió hace un par de semanas a los integrantes de la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados información contundente:
“El régimen de consolidación fiscal que se contempla en la Ley del Impuesto Sobre la Renta (ISR) permite que alrededor de 400 grandes grupos empresariales, mismos que en conjunto acumularon ingresos por 4 billones 960 mil millones de pesos en 2008, tengan una carga fiscal en ISR de apenas 1.7 por ciento en promedio”.
Esto significa unas 15 veces menos de lo que deberían pagar esos más de 400 consorcios, algunos de los cuales son los más fuertes en su ramo no sólo
en México sino en todo el planeta.
“En un esquema convencional de pago de ISR, que es el seguido por los contribuyentes del régimen general, los grupos empresariales estuvieran obligados al pago de un ISR varias veces mayor al que actualmente pagan”, dice el SAT en un documento titulado “Consolidación / Grandes Contribuyentes”.
El privilegio fiscal será incluso mayor para el próximo año, pues aunque la tasa del ISR subióde 28 a 30 por ciento para empresas medianas y pequeñas y personas físicas (todos los empleados por nómina, por ejemplo), esos grandes grupos pagarán un porcentaje mucho menor.
De dos cuartillas, el texto fue elaborado a “efecto de entregarlo a los integrantes de la Comisión de Hacienda de la H. Cámara de Diputados”, con la finalidad de “proporcionar información precisa y transparente sobre el papel del régimen de consolidación fiscal en la recaudación nacional”.
El SAT explica, por ejemplo, que algunas grandes empresas del sector cosmético tuvieron en 2008 “ingresos acumulables por alrededor de 7.6 mil millones de pesos y sólo pagaron alrededor de 220 millones pesos”.
Otro caso que presentó el SAT a los legisladores son las tiendas de autoservicios, que tuvieron ingresos acumulables por más de 67 mil millones de pesos y sólo pagaron impuestos por 6 mil millones de pesos.
Por ejemplo, los reportes oficiales entregados por 28 de las más grandes empresas del país a la Bolsa Mexicana de Valores revelan que el año pasado sólo pagaron en impuestos el equivalente a 2.1 por ciento de sus ingresos.
Y difirieron pagos, si los llegan a hacer algún día, por una cantidad cercana a la mitad del boquete en las finanzas federales: al menos 132 mil millones de pesos, de acuerdo con un estudio técnico elaborado por el diputado federal del Partido
del Trabajo (PT), Mario Di Constanzo, quien fue secretario técnico de la comisión legislativa que investigó el Fobaproa.
“La pregunta —dice Di Constanzo— es la siguiente: ¿por qué si la Secretaría de Hacienda reconoce que el Régimen de Consolidación Fiscal hace que las empresas eludan impuestos, por qué no quita el régimen y con una reformita quiere rescatar del pasado lo que aparezca? En vez de cerrar esa puerta a las empresas para que no sigan
eludiendo en un futuro”.
Hace más de tres décadas, el gobierno federal estableció medidas fiscales especiales a los grandes empresarios para alentar la inversión y la creación de empleos, pero está medida sigue vigente a pesar de que obtienen ganancias por miles de millones
de pesos.
El Régimen de Consolidación Fiscal, concebido como un sistema de incentivo a las empresas, pero con la condición de que no produjera un daño a las finanzas del país o que, de producirlo, implicara un simple diferimiento en el pago del ISR, se estableció mediante un decreto firmado por Luis Echeverría en junio de 1973.
A través de este mecanismo, incorporado a la Ley del Impuesto Sobre la Renta en 1982, se permite que un grupo de empresas con un mismo accionista mayoritario pueda pagar impuestos como si fuera una sola empresa.
Si un grupo tiene varias empresas, se le permite deducir las pérdidas de algunas de las empresas contra las utilidades de las otras, con lo que los consorcios tienen la posibilidad de crear empresas “diseñadas” expresamente para perder.
Esto, además, les permite posponer o diferir el pago de los impuestos que deberían entregar a las autoridades de Hacienda, a pesar de tener utilidades de miles de millones de pesos.
El propio gobierno federal reconoce que se ha venido privilegiando a estos grupos empresariales, obteniendo una recaudación mínima.
Lorenzo Zambrano, presidente de Cementos Mexicanos (Cemex), una de las mayores compañías cementeras en el mundo, participó hace unos 10 días en el Foro Global de Energías Renovables, organizado por la Secretaría de Energía, en León,
Guanajuato.
Ahí, el empresario responsabilizó a los legisladores del estancamiento de la economía mexicana por no querer, en su opinión, aprobar las reformas necesarias, incluyendo la fiscal.
Zambrano dijo: “Ya llegó el tiempo de dejarnos de maniobras legislativas y agarrar el toro por los cuernos; el país necesita soluciones de fondo y serias para crecer, y de manera particular con el impuesto del 2 por ciento al consumo. En todos los países exitosos se grava el consumo y se desgrava el impuesto a las personas y las empresas”.
Remató el industrial regiomontano, considerado el quinto hombre más acaudalado de México: “No hay otra, por más que nos duela a todos, que subir los impuestos”.
Pagar impuestos no es asunto que agrade a muchos, empezando por el mismo Lorenzo Zambrano.
De acuerdo con el informe anual 2008 presentado por Cemex a la Bolsa Mexicana de Valores, ese consorcio adeuda montos extraordinarios a la Secretaría de Hacienda.
Cementos Mexicanos, que nació en 1906 con la apertura de la planta Cementos Hidalgo y despuntó con la compra de las paraestatales Cementos Anáhuac y Cementos Tolteca, se ha cobijado en el famoso “régimen de consolidación” para diferir el pago de impuestos: sólo en 2008 dejó de pagar más de 38 mil millones de pesos.
Ese adeudo fiscal de Cemex es equiparable al presupuesto del programa
Oportunidades para 2010. Y también es mayor al que recibió la Universidad Nacional Autónoma de México el año pasado. Cemex, con presencia en 50 países, mantuvo en 2008, año marcado por la crisis financiera, ventas estables. “En comparación con el año anterior, nuestras ventas netas se mantuvieron estables al alcanzar 21 mil 695 millones de dólares. Nuestro flujo de efectivo libre después de inversiones en activo fijo por mantenimiento creció 1 por ciento, a 2 mil 600 millones de dólares”, señala el informe anual 2008 presentado a sus accionistas.
Tuvo utilidades brutas de 77 mil 320 millones de pesos, pero la empresa se ampara en el Régimen de Consolidación Fiscal para tener el privilegio de diferir el pago de impuestos.
Y así es todos los años.
Entre las empresas que arrastran una deuda fiscal global de 143 mil millones de pesos con Hacienda se encuentran las siguientes: Cemex, Femsa, Bimbo, Televisa, Bachoco, Kimberly Clark, Elecktra, Iusacel, Maseca, Wal–Mart, Comercial Mexicana,Liverpool, Grupo México, Saba, Posadas, Gigante, Herdez, Alfa Sur, Grupo Asur, Aeropuerto del Pacificoy Peñoles, América Móvil, Palacio de Hierro, Autlán, Telmex y AHMSA.
jueves, 29 de octubre de 2009
Denuncia SME que el gobierno pretende concesionar red de fibra óptica pública a empresas privadas
El gobierno federal pretende concesionar a empresas privadas los mil 100 kilómetros de fibra óptica que existen en la red eléctrica que administraba Luz y Fuerza del Centro (LFC), aseguró este lunes el secretario del Exterior del Sindicato Mexicano de Electricistas, Fernando Amezcua.
Esta, aseguró, es una de las razones de fondo por las que el gbierno federal pretende deshacerse del sindicato y de la paraestatal, pues los trabajadores habían formulado una propuesta para explotar esa red de comunicación.
“No se nos olvide, lo dijimos, podríamos entregarles a ustedes la telefonía, el internet, la televisión por cable con una empresa pública, con una empresa de ustedes, a precios accesibles, y a partir de ahora empezaron y abrieron ya las licitaciones para ofertar nuestra infraestructura eléctrica y además los más de mil 100 kilómetros de fibra óptica y oscura que tenemos”, aseveró.
Amezcua participó como orador en el mitin que encabezó Andrés Manuel López Obrador a un costado del Senado de la República para protestar por el alza a los impuestos, al que acudieron cerca de 2 mil electricistas.
Desde el estrado, el dirigente aseveró que la Comisión Federal de Electricidad (CFE) admitió que necesitará en los próximos 10 años de 50 mil millones de dólares de inversión para enfrentar la demanda de energía en la zona centro del país, lo que significa que el problema de abasto que enfrentaba Luz y Fuerza no era por ineficiencia de los trabajadores, sino porque no se hacían las inversiones necesarias.
Esta, aseguró, es una de las razones de fondo por las que el gbierno federal pretende deshacerse del sindicato y de la paraestatal, pues los trabajadores habían formulado una propuesta para explotar esa red de comunicación.
“No se nos olvide, lo dijimos, podríamos entregarles a ustedes la telefonía, el internet, la televisión por cable con una empresa pública, con una empresa de ustedes, a precios accesibles, y a partir de ahora empezaron y abrieron ya las licitaciones para ofertar nuestra infraestructura eléctrica y además los más de mil 100 kilómetros de fibra óptica y oscura que tenemos”, aseveró.
Amezcua participó como orador en el mitin que encabezó Andrés Manuel López Obrador a un costado del Senado de la República para protestar por el alza a los impuestos, al que acudieron cerca de 2 mil electricistas.
Desde el estrado, el dirigente aseveró que la Comisión Federal de Electricidad (CFE) admitió que necesitará en los próximos 10 años de 50 mil millones de dólares de inversión para enfrentar la demanda de energía en la zona centro del país, lo que significa que el problema de abasto que enfrentaba Luz y Fuerza no era por ineficiencia de los trabajadores, sino porque no se hacían las inversiones necesarias.
miércoles, 28 de octubre de 2009
PAUL KRUGMAN ¿Cómo pudieron equivocarse tanto los economistas? Paul Krugman
I. CONFUNDIENDO LA BELLEZA CON LA VERDAD
Es difícil creerlo ahora, pero no hace tanto tiempo los economistas se felicitaban mutuamente por el éxito de su especialidad. Estos éxitos -o al menos así lo creían ellos- eran tanto teóricos como prácticos y conducían a la profesión a su edad dorada.
En el aspecto teórico, creían que habían resuelto sus disputas internas. Así, en un trabajo titulado The State of Macro (es decir, de la macroeconomía, el estudio de cuestiones panorámicas como lo son las recesiones), Olivier Blanchard, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), actualmente economista jefe del Fondo Monetario Internacional, declaraba que había habido "una amplia convergencia de puntos de vista".
Y en el mundo real, los economistas creían que tenían las cosas bajo control: "El problema central de la prevención de la depresión está resuelto", declaraba Robert Lucas, de la Universidad de Chicago, en su discurso inaugural como presidente de la American Economic Association en 2003. En 2004, Ben Bernanke, un antiguo profesor en Princeton que ahora preside la Reserva Federal, celebraba la Gran Moderación del comportamiento económico comparado con las dos décadas precedentes, y que atribuía en parte al mejorado desempeño de la política económica.
El año pasado, todo esto se vino abajo.
En el despertar de la crisis, las líneas de falla de la profesión de economista han bostezado con más amplitud que nunca. Lucas dice que los planes de estímulo de la Administración de Obama son "economía de baratija" y su colega de Chicago John Cochrane dice que están basados en desacreditados "cuentos de hadas". Como respuesta, Brad DeLong, de la Universidad de California en Berkeley, escribe sobre el "derrumbe intelectual" de la Escuela de Chicago, y yo mismo he escrito que estos comentarios de los economistas de Chicago son el producto de una Edad Oscura de la macroeconomía, donde el conocimiento tan arduamente conseguido ha quedado olvidado.
¿Qué le ha sucedido a la profesión de economista? ¿Y adónde va a partir de ahora?
II. DE SMITH A KEYNES Y VUELTA ATRÁS
El nacimiento de la economía como disciplina se atribuye habitualmente a Adam Smith, quien publicó La Riqueza de las Naciones en 1776. Durante los siguientes 160 años se desarrolló un extenso cuerpo de economía teórica, cuyo mensaje central era: confía en el mercado. Ésta era la presunción básica de la economía neoclásica (llamada así al haber sido elaborada por los teóricos de finales del siglo XIX sobre conceptos de sus predecesores clásicos).
Esta fe, sin embargo, quedó hecha pedazos por la Gran Depresión. Con el tiempo, la mayoría de los economistas sustentó las consideraciones de John Maynard Keynes tanto acerca de la explicación de lo que había pasado como de la solución de futuras depresiones.
A pesar de lo que usted haya podido oír, Keynes no quería que el gobierno dirigiera la economía. En su obra capital, Teoría general del empleo, el interés y el dinero, escrita en 1936, él mismo describió su análisis como "moderadamente conservador en sus repercusiones". Quería organizar el capitalismo, no reemplazarlo. Pero cuestionó la noción de que las economías de libre mercado puedan funcionar sin un vigilante. Y apeló a la activa intervención del gobierno -imprimiendo más moneda y, si fuera necesario, con un fuerte gasto en obras públicas- para combatir el desempleo durante las depresiones.
La historia de la economía a lo largo del último medio siglo es, en gran medida, la historia de una retirada del keynesianismo y de un retorno al neoclasicismo. El renacer neoclásico fue guiado inicialmente por Milton Friedman, de la Universidad de Chicago, quien afirmó ya en 1953 que la economía neoclásica sirve adecuadamente como descripción del modo en que la economía funciona realmente, al ser "extremadamente fructífera y merecedora de plena confianza". Pero ¿qué hay de las depresiones?
El contraataque de Friedman contra Keynes comenzó con la doctrina conocida como monetarismo. Los monetaristas, en principio, no discrepaban de la idea de que una economía de mercado necesite una deliberada estabilización. Los monetaristas afirmaban, sin embargo, que una intervención gubernamental muy limitada y restringida -a saber, instruir a los bancos centrales a mantener el flujo del dinero, la suma del efectivo circulante y los depósitos bancarios creciendo a ritmo estable- es todo lo que se requería para prevenir depresiones.
Friedman empleó un argumento convincente contra cualquier esfuerzo deliberado del gobierno por reducir el desempleo por debajo de su nivel natural (actualmente calculado en torno al 4,8% en Estados Unidos): las políticas excesivamente expansionistas, predijo, llevarían a una combinación de inflación y alto desempleo; una predicción que fue confirmada por la estanflación de los años setenta, la cual impulsó en gran medida la credibilidad del movimiento antikeynesiano. A la postre, sin embargo, la posición de Friedman vino a resultar relativamente moderada comparada con la de sus sucesores.
Por su parte, ciertos macroeconomistas consideraban que las recesiones eran algo bueno que formaba parte del ajuste al cambio de una economía. E incluso quienes no eran partidarios de llegar tan lejos argüían que cualquier intento de enfrentarse a una depresión económica provocaría más mal que bien.
Muchos macroeconomistas llegaron a autoproclamarse como neokeynesianos, ya que seguían creyendo en el papel activo del gobierno. Aun así, la mayoría aceptaba la noción de que inversores y consumidores son racionales y que los mercados por lo general lo hacen bien.
Por supuesto que unos pocos economistas no aceptaban la asunción del comportamiento racional, cuestionaban la creencia de que los mercados financieros merecen confianza y hacían ver la larga historia de crisis financieras que tuvieron devastadoras consecuencias económicas. Pero eran incapaces de hacer muchos progresos frente a una complacencia que, vista retrospectivamente, era tan omnipresente como insensata.
III. FINANZAS DE CASINO
En los años treinta, los mercados financieros, por razones obvias, no suscitaron mucho respeto. Keynes consideró que era una mala idea la de dejar a semejantes mercados, en los que los especuladores pasaban su tiempo tratando de pisarse la cola el uno al otro, que dictaran decisiones importantes de negocios: "Cuando el desarrollo del capital de un país se convierte en un subproducto de las actividades de un casino, es muy probable que el trabajo resulte mal hecho".
Hacia 1970 más o menos, sin embargo, la discusión sobre la irracionalidad del inversor, sobre las burbujas, sobre la especulación destructiva, había desaparecido virtualmente del discurso académico. El terreno estaba dominado por la hipótesis del mercado eficiente, promulgada por Eugene Fama, de la Universidad de Chicago, la cual sostiene que los mercados financieros valoran los activos en su preciso valor intrínseco si se da toda la información públicamente disponible.
Y por los años ochenta, hubo economistas financieros, en particular Michael Jensen, de la Harvard Business School, que defendían que, dado que los mercados financieros siempre aciertan con los precios, lo mejor que pueden hacer los jefes de las empresas, no sólo en su provecho sino en beneficio de la economía, es maximizar los precios de sus acciones. En otras palabras, los economistas financieros creían que debemos poner el desarrollo del capital de la nación en manos de lo que Keynes había llamado un "casino".
El modelo teórico desplegado por los economistas financieros al asumir que cada inversor equilibra racionalmente riesgo y recompensa -el llamado Capital Asset Pricing Model, o CAPM (pronúnciese cap-em)- es maravillosamente elegante. Y si uno acepta sus premisas también es algo sumamente útil. Este CAPM no sólo te dice cómo debes elegir tu cartera de inversiones, sino, lo que es incluso más importante desde el punto de vista de la industria financiera, te dice cómo poner precio a los derivados financieros. La elegancia y aparente utilidad de la nueva teoría produjo una sucesión de premios Nobel para sus creadores, y muchos profesores de escuelas de negocios se convirtieron en ingenieros espaciales de Wall Street, ganando salarios de Wall Street.
Para ser justos, los teóricos de las finanzas produjeron gran cantidad de pruebas estadísticas, lo que en un principio pareció de gran ayuda. Pero esta documentación era de un formato extrañamente limitado. Los economistas financieros rara vez hacían la pregunta aparentemente obvia (aunque no de fácil contestación) de si los precios de los activos tenían sentido habida cuenta de fundamentos del mundo real, tales como los ingresos. En lugar de ello, sólo preguntaban si los precios de los activos tenían sentido habida cuenta de los precios de otros activos.
Pero los teóricos de las finanzas continuaron creyendo que sus modelos eran esencialmente correctos, y así lo hizo también mucha gente que tomaba decisiones en el mundo real. No fue el menos importante de ellos Alan Greenspan, quien era entonces el presidente de la Reserva Federal y que durante mucho tiempo respaldó la desregulación fiscal, cuyo rechazo a los avisos de poner freno a los créditos subprime o de enfrentarse a la creciente burbuja inmobiliaria descansaban en buena parte en la creencia de que la economía financiera moderna lo tenía todo bajo control.
En octubre del pasado año, sin embargo, Greenspan admitió encontrarse en un estado de "conmocionada incredulidad", debido a que "todo el edificio intelectual" se había "derrumbado".
IV. NADIE PODÍA HABERLO PREDICHO...
En los recientes y atribulados debates sobre economía se ha generalizado una frase clave: "Nadie podía haberlo predicho...". Es lo que uno dice con relación a desastres que podían haber sido predichos, debieran haber sido predichos y que realmente fueron predichos por unos pocos economistas que fueron tomados a broma por tomarse tal molestia.
Tomemos, por ejemplo, el precipitado auge y caída de los precios de la vivienda. Algunos economistas, en particular Robert Shiller, identificaron la burbuja y avisaron de sus dolorosas consecuencias si llegaba a reventar. Pero, aún en 2004, Alan Greenspan descartó hablar de burbuja inmobiliaria: "Una grave distorsión nacional de precios", declaró, era "muy improbable". El incremento en el precio de la vivienda, dijo Ben Bernanke en 2005, "en gran medida es el reflejo de unos fuertes fundamentos económicos".
¿Cómo no se dieron cuenta de la burbuja? Para ser justo, los tipos de interés eran inusualmente bajos, lo que posiblemente explica parte del alza de precios. Puede ser que Greenspan y Bernanke también quisieran celebrar el éxito de la Reserva Federal en sacar a la economía de la recesión de 2001; conceder que buena parte de tal éxito se basara en la creación de una monstruosa burbuja debiera haber puesto algo de sordina a esos festejos.
Pero había algo que estaba sucediendo: una creencia general de que las burbujas sencillamente no tienen lugar. Lo que llama la atención, cuando uno vuelve a leer las garantías de Greenspan, es que no estaban basadas en la evidencia, sino que estaban basadas en el aserto apriorístico de que simplemente no puede haber una burbuja en el sector inmobiliario.
Y los teóricos de las finanzas eran todavía más inflexibles en este punto. En una entrevista realizada en 2007, Eugene Fama, padre de la hipótesis del mercado eficiente, declaró que "la palabra burbuja me saca de quicio" y continuó explicando por qué podemos fiarnos del mercado inmobiliario: "Los mercados inmobiliarios son menos líquidos, pero la gente es muy cuidadosa cuando compra casas. Se trata normalmente de la mayor inversión que van a hacer, de manera que estudian el asunto con cuidado y comparan precios".
De hecho, los compradores de casas comparan concienzudamente el precio de su compra potencial con los precios de otras casas. Pero eso no dice nada sobre si el precio en general de las casas está justificado.
En pocas palabras, la fe en los mercados financieros eficientes cegó a muchos, si no a la mayoría, de los economistas ante la aparición de la mayor burbuja financiera de la historia. Y la teoría del mercado eficiente también desempeñó un significante papel en inflar esa burbuja hasta ese primer puesto.
Ahora que ha quedado al descubierto la verdadera peligrosidad de los activos supuestamente seguros, las familias de Estados Unidos han visto evaporarse su dinero por valor de 13 billones de dólares. Se han perdido más de 6 millones de puestos de trabajo y el índice de desempleo alcanza su más alto nivel desde 1940. Así que ¿qué orientación tiene que ofrecer la economía moderna ante el presente aprieto? ¿Y deberíamos fiarnos de ella?
V. LA PELEA POR EL ESTÍMULO
Durante una recesión normal, la Reserva Federal responde comprando Letras del Tesoro -deuda pública a corto plazo- de los bancos. Esto hace bajar los tipos de interés de la deuda pública; los inversores, al buscar un tipo de rendimiento más alto, se mueven hacia otros activos, haciendo que bajen también otros tipos de interés; y normalmente esos bajos tipos de interés finalmente conducen a la recuperación económica. La Reserva Federal abordó la recesión que comenzó en 1990 bajando los tipos de interés a corto plazo del 9% al 3%. Abordó la recesión que comenzó en 2001 bajando los tipos de interés del 6,5% al 1%. E intentó abordar la actual recesión bajando los tipos de interés del 5,25% al 0%.
Pero resultó que el cero no es lo suficientemente bajo como para acabar con esta recesión. Y la Reserva Federal no puede poner los tipos a menos de cero, ya que con tipos próximos al cero los inversores sencillamente prefieren acaparar efectivo en lugar de prestarlo. De tal modo que a finales de 2008, con los tipos de interés básicamente en lo que los macroeconomistas llaman zero lower bound, o límite inferior cero, como quiera que la recesión continuaba ahondándose, la política monetaria convencional había perdido toda su fuerza de tracción.
¿Y ahora qué? Ésta es la segunda vez que Estados Unidos se ha tenido que enfrentar al límite inferior cero, habiendo sido la Gran Depresión la ocasión precedente. Y fue precisamente la observación de que hay un límite inferior a los tipos de interés lo que llevó a Keynes a abogar por un mayor gasto público: cuando la política monetaria es infructuosa y el sector privado no puede ser persuadido para que gaste más, el sector público tiene que ocupar su lugar en el sostenimiento de la economía. El estímulo fiscal es la respuesta keynesiana al tipo de situación económica depresiva en la que estamos inmersos.
Tal pensamiento keynesiano subyace en las políticas económicas de la Administración de Obama. John Cochrane, de la Universidad de Chicago, indignado ante la idea de que el gasto gubernamental pudiera mitigar la última recesión, declaró: "Eso no forma parte de lo que todos hemos enseñado a los estudiantes graduados desde los años sesenta. Ésas (las ideas keynesianas) son cuentos de hadas que han demostrado ser falsas. Es muy reconfortante en los momentos de tensión volver a los cuentos de hadas que escuchamos de niños, pero eso no los hace menos falsos".
Pero como ha señalado Brad DeLong, la actual postura académica viene también siendo de generalizado rechazo a las ideas de Milton Friedman. Friedman creía que la política de la Reserva Federal, más que para cambios en el gasto público, debía ser utilizada para estabilizar la economía, pero nunca afirmó que un aumento del gasto público no puede, en cualesquiera circunstancias, aumentar el empleo. De hecho, al volver a leer el sumario de las ideas de Friedman de 1970, Un marco teórico del análisis monetario, lo que llama la atención es lo keynesiano que parece.
Y ciertamente Friedman nunca se creyó la idea de que el paro masivo represente una voluntaria reducción del esfuerzo de trabajo o la idea de que las recesiones en realidad sean buenas para la economía. Sin embargo, Casey Mulligan, también de Chicago, sugiere que el desempleo es tan elevado porque muchos trabajadores están optando por no aceptar trabajos.
Ha sugerido, en particular, que los trabajadores están prefiriendo seguir desempleados porque ello mejora sus probabilidades de recibir ayudas a sus deudas hipotecarias. Y Cochrane declara que el alto desempleo en realidad es bueno: "Debiéramos tener una recesión. La gente que pasa su vida machacando clavos en Nevada necesita algo distinto que hacer".
Personalmente, pienso que eso es una locura. ¿Por qué debería el desempleo masivo en todo el país hacer que los carpinteros se fueran de Nevada? ¿Puede alguien alegar seriamente que hemos perdido 6,7 millones de puestos de trabajo porque hay pocos estadounidenses que quieran trabajar? Claro que si empiezas por asumir que la gente es perfectamente racional y los mercados perfectamente eficientes, tienes que llegar a la conclusión de que el desempleo es voluntario y la recesión es deseable.
VI. DEFECTOS Y FRICCIONES
La economía, como disciplina, se ha visto en dificultades debido a que los economistas fueron seducidos por la visión de un sistema de mercado perfecto y sin fricciones. Si la profesión ha de redimirse a sí misma tendrá que reconciliarse con una visión menos seductora, la de una economía de mercado que tiene unas cuantas virtudes pero que está también saturada de defectos y de fricciones.
Existe ya un modelo bastante bien desarrollado del tipo de economía que tengo en mente: la escuela de pensamiento conocida como finanzas conductuales. Quienes practican este planteamiento ponen el énfasis en dos cosas. Primero, en el mundo real hay muchos inversores que tienen un escaso parecido con los fríos calculadores de la teoría del mercado eficiente: casi todos están demasiado sometidos al comportamiento de la manada, a ataques de entusiasmo irracional y de pánicos injustificados. Segundo, incluso aquellos que tratan de basar sus decisiones en el frío cálculo se encuentran con que a menudo no pueden, que los problemas de confianza, de credibilidad y de garantías limitadas les fuerzan a ir con la manada.
Entretanto ¿qué ocurre con la macroeconomía? Los acontecimientos recientes han refutado de manera decisiva la idea de que las recesiones son una óptima respuesta a las fluctuaciones en los índices del progreso tecnológico; un punto de vista más o menos keynesiano es la única alternativa plausible. Pero los modelos del neokeynesianismo estándar no dejan espacio para una crisis como la que estamos padeciendo, ya que esos modelos generalmente aceptaron el punto de vista del sector financiero sobre el mercado eficiente.
Una línea de trabajo, encabezada por nada menos que Ben Bernanke en colaboración con Marc Gertler, de la Universidad de Nueva York, ha puesto el acento en el modo en el que la carencia de garantías suficientes puede dificultar la capacidad de los negocios para recabar fondos y forjar oportunidades de inversión. Una línea de trabajo similar, en gran parte establecida por mi colega de Princeton Nobuhiro Kiyotaki y por John Moore, de la London School of Economics, sostenía que los precios de activos tales como las propiedades inmobiliarias pueden sufrir desplomes de los que salen fortalecidos pero que, a cambio, deprimen a la economía en su conjunto. Pero hasta ahora el impacto de las finanzas disfuncionales no ha llegado ni siquiera al núcleo de la economía keynesiana. Claramente, eso tiene que cambiar.
VII. RECUPERANDO A KEYNES
Así que esto es lo que pienso que tienen que hacer los economistas. Primero, tienen que enfrentarse a la incómoda realidad de que los mercados financieros distan mucho de la perfección, de que están sometidos a falsas ilusiones extraordinarias y a las locuras de mucha gente. Segundo, tienen que admitir que la economía keynesiana sigue siendo el mejor armazón que tenemos para dar sentido a las recesiones y las depresiones. Tercero, tienen que hacer todo lo posible para incorporar las realidades de las finanzas a la macroeconomía.
Al replantearse sus propios fundamentos, la imagen que emerge ante la profesión puede que no sea tan clara; seguramente no será nítida, pero podemos esperar que tenga al menos la virtud de ser parcialmente acertada.
Paul Krugman es profesor de Economía en la Universidad de Princeton y premio Nobel de Economía 2008. © 2009 New York Times Service. Traducción de Juan Ramón Azaola.
Es difícil creerlo ahora, pero no hace tanto tiempo los economistas se felicitaban mutuamente por el éxito de su especialidad. Estos éxitos -o al menos así lo creían ellos- eran tanto teóricos como prácticos y conducían a la profesión a su edad dorada.
En el aspecto teórico, creían que habían resuelto sus disputas internas. Así, en un trabajo titulado The State of Macro (es decir, de la macroeconomía, el estudio de cuestiones panorámicas como lo son las recesiones), Olivier Blanchard, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), actualmente economista jefe del Fondo Monetario Internacional, declaraba que había habido "una amplia convergencia de puntos de vista".
Y en el mundo real, los economistas creían que tenían las cosas bajo control: "El problema central de la prevención de la depresión está resuelto", declaraba Robert Lucas, de la Universidad de Chicago, en su discurso inaugural como presidente de la American Economic Association en 2003. En 2004, Ben Bernanke, un antiguo profesor en Princeton que ahora preside la Reserva Federal, celebraba la Gran Moderación del comportamiento económico comparado con las dos décadas precedentes, y que atribuía en parte al mejorado desempeño de la política económica.
El año pasado, todo esto se vino abajo.
En el despertar de la crisis, las líneas de falla de la profesión de economista han bostezado con más amplitud que nunca. Lucas dice que los planes de estímulo de la Administración de Obama son "economía de baratija" y su colega de Chicago John Cochrane dice que están basados en desacreditados "cuentos de hadas". Como respuesta, Brad DeLong, de la Universidad de California en Berkeley, escribe sobre el "derrumbe intelectual" de la Escuela de Chicago, y yo mismo he escrito que estos comentarios de los economistas de Chicago son el producto de una Edad Oscura de la macroeconomía, donde el conocimiento tan arduamente conseguido ha quedado olvidado.
¿Qué le ha sucedido a la profesión de economista? ¿Y adónde va a partir de ahora?
II. DE SMITH A KEYNES Y VUELTA ATRÁS
El nacimiento de la economía como disciplina se atribuye habitualmente a Adam Smith, quien publicó La Riqueza de las Naciones en 1776. Durante los siguientes 160 años se desarrolló un extenso cuerpo de economía teórica, cuyo mensaje central era: confía en el mercado. Ésta era la presunción básica de la economía neoclásica (llamada así al haber sido elaborada por los teóricos de finales del siglo XIX sobre conceptos de sus predecesores clásicos).
Esta fe, sin embargo, quedó hecha pedazos por la Gran Depresión. Con el tiempo, la mayoría de los economistas sustentó las consideraciones de John Maynard Keynes tanto acerca de la explicación de lo que había pasado como de la solución de futuras depresiones.
A pesar de lo que usted haya podido oír, Keynes no quería que el gobierno dirigiera la economía. En su obra capital, Teoría general del empleo, el interés y el dinero, escrita en 1936, él mismo describió su análisis como "moderadamente conservador en sus repercusiones". Quería organizar el capitalismo, no reemplazarlo. Pero cuestionó la noción de que las economías de libre mercado puedan funcionar sin un vigilante. Y apeló a la activa intervención del gobierno -imprimiendo más moneda y, si fuera necesario, con un fuerte gasto en obras públicas- para combatir el desempleo durante las depresiones.
La historia de la economía a lo largo del último medio siglo es, en gran medida, la historia de una retirada del keynesianismo y de un retorno al neoclasicismo. El renacer neoclásico fue guiado inicialmente por Milton Friedman, de la Universidad de Chicago, quien afirmó ya en 1953 que la economía neoclásica sirve adecuadamente como descripción del modo en que la economía funciona realmente, al ser "extremadamente fructífera y merecedora de plena confianza". Pero ¿qué hay de las depresiones?
El contraataque de Friedman contra Keynes comenzó con la doctrina conocida como monetarismo. Los monetaristas, en principio, no discrepaban de la idea de que una economía de mercado necesite una deliberada estabilización. Los monetaristas afirmaban, sin embargo, que una intervención gubernamental muy limitada y restringida -a saber, instruir a los bancos centrales a mantener el flujo del dinero, la suma del efectivo circulante y los depósitos bancarios creciendo a ritmo estable- es todo lo que se requería para prevenir depresiones.
Friedman empleó un argumento convincente contra cualquier esfuerzo deliberado del gobierno por reducir el desempleo por debajo de su nivel natural (actualmente calculado en torno al 4,8% en Estados Unidos): las políticas excesivamente expansionistas, predijo, llevarían a una combinación de inflación y alto desempleo; una predicción que fue confirmada por la estanflación de los años setenta, la cual impulsó en gran medida la credibilidad del movimiento antikeynesiano. A la postre, sin embargo, la posición de Friedman vino a resultar relativamente moderada comparada con la de sus sucesores.
Por su parte, ciertos macroeconomistas consideraban que las recesiones eran algo bueno que formaba parte del ajuste al cambio de una economía. E incluso quienes no eran partidarios de llegar tan lejos argüían que cualquier intento de enfrentarse a una depresión económica provocaría más mal que bien.
Muchos macroeconomistas llegaron a autoproclamarse como neokeynesianos, ya que seguían creyendo en el papel activo del gobierno. Aun así, la mayoría aceptaba la noción de que inversores y consumidores son racionales y que los mercados por lo general lo hacen bien.
Por supuesto que unos pocos economistas no aceptaban la asunción del comportamiento racional, cuestionaban la creencia de que los mercados financieros merecen confianza y hacían ver la larga historia de crisis financieras que tuvieron devastadoras consecuencias económicas. Pero eran incapaces de hacer muchos progresos frente a una complacencia que, vista retrospectivamente, era tan omnipresente como insensata.
III. FINANZAS DE CASINO
En los años treinta, los mercados financieros, por razones obvias, no suscitaron mucho respeto. Keynes consideró que era una mala idea la de dejar a semejantes mercados, en los que los especuladores pasaban su tiempo tratando de pisarse la cola el uno al otro, que dictaran decisiones importantes de negocios: "Cuando el desarrollo del capital de un país se convierte en un subproducto de las actividades de un casino, es muy probable que el trabajo resulte mal hecho".
Hacia 1970 más o menos, sin embargo, la discusión sobre la irracionalidad del inversor, sobre las burbujas, sobre la especulación destructiva, había desaparecido virtualmente del discurso académico. El terreno estaba dominado por la hipótesis del mercado eficiente, promulgada por Eugene Fama, de la Universidad de Chicago, la cual sostiene que los mercados financieros valoran los activos en su preciso valor intrínseco si se da toda la información públicamente disponible.
Y por los años ochenta, hubo economistas financieros, en particular Michael Jensen, de la Harvard Business School, que defendían que, dado que los mercados financieros siempre aciertan con los precios, lo mejor que pueden hacer los jefes de las empresas, no sólo en su provecho sino en beneficio de la economía, es maximizar los precios de sus acciones. En otras palabras, los economistas financieros creían que debemos poner el desarrollo del capital de la nación en manos de lo que Keynes había llamado un "casino".
El modelo teórico desplegado por los economistas financieros al asumir que cada inversor equilibra racionalmente riesgo y recompensa -el llamado Capital Asset Pricing Model, o CAPM (pronúnciese cap-em)- es maravillosamente elegante. Y si uno acepta sus premisas también es algo sumamente útil. Este CAPM no sólo te dice cómo debes elegir tu cartera de inversiones, sino, lo que es incluso más importante desde el punto de vista de la industria financiera, te dice cómo poner precio a los derivados financieros. La elegancia y aparente utilidad de la nueva teoría produjo una sucesión de premios Nobel para sus creadores, y muchos profesores de escuelas de negocios se convirtieron en ingenieros espaciales de Wall Street, ganando salarios de Wall Street.
Para ser justos, los teóricos de las finanzas produjeron gran cantidad de pruebas estadísticas, lo que en un principio pareció de gran ayuda. Pero esta documentación era de un formato extrañamente limitado. Los economistas financieros rara vez hacían la pregunta aparentemente obvia (aunque no de fácil contestación) de si los precios de los activos tenían sentido habida cuenta de fundamentos del mundo real, tales como los ingresos. En lugar de ello, sólo preguntaban si los precios de los activos tenían sentido habida cuenta de los precios de otros activos.
Pero los teóricos de las finanzas continuaron creyendo que sus modelos eran esencialmente correctos, y así lo hizo también mucha gente que tomaba decisiones en el mundo real. No fue el menos importante de ellos Alan Greenspan, quien era entonces el presidente de la Reserva Federal y que durante mucho tiempo respaldó la desregulación fiscal, cuyo rechazo a los avisos de poner freno a los créditos subprime o de enfrentarse a la creciente burbuja inmobiliaria descansaban en buena parte en la creencia de que la economía financiera moderna lo tenía todo bajo control.
En octubre del pasado año, sin embargo, Greenspan admitió encontrarse en un estado de "conmocionada incredulidad", debido a que "todo el edificio intelectual" se había "derrumbado".
IV. NADIE PODÍA HABERLO PREDICHO...
En los recientes y atribulados debates sobre economía se ha generalizado una frase clave: "Nadie podía haberlo predicho...". Es lo que uno dice con relación a desastres que podían haber sido predichos, debieran haber sido predichos y que realmente fueron predichos por unos pocos economistas que fueron tomados a broma por tomarse tal molestia.
Tomemos, por ejemplo, el precipitado auge y caída de los precios de la vivienda. Algunos economistas, en particular Robert Shiller, identificaron la burbuja y avisaron de sus dolorosas consecuencias si llegaba a reventar. Pero, aún en 2004, Alan Greenspan descartó hablar de burbuja inmobiliaria: "Una grave distorsión nacional de precios", declaró, era "muy improbable". El incremento en el precio de la vivienda, dijo Ben Bernanke en 2005, "en gran medida es el reflejo de unos fuertes fundamentos económicos".
¿Cómo no se dieron cuenta de la burbuja? Para ser justo, los tipos de interés eran inusualmente bajos, lo que posiblemente explica parte del alza de precios. Puede ser que Greenspan y Bernanke también quisieran celebrar el éxito de la Reserva Federal en sacar a la economía de la recesión de 2001; conceder que buena parte de tal éxito se basara en la creación de una monstruosa burbuja debiera haber puesto algo de sordina a esos festejos.
Pero había algo que estaba sucediendo: una creencia general de que las burbujas sencillamente no tienen lugar. Lo que llama la atención, cuando uno vuelve a leer las garantías de Greenspan, es que no estaban basadas en la evidencia, sino que estaban basadas en el aserto apriorístico de que simplemente no puede haber una burbuja en el sector inmobiliario.
Y los teóricos de las finanzas eran todavía más inflexibles en este punto. En una entrevista realizada en 2007, Eugene Fama, padre de la hipótesis del mercado eficiente, declaró que "la palabra burbuja me saca de quicio" y continuó explicando por qué podemos fiarnos del mercado inmobiliario: "Los mercados inmobiliarios son menos líquidos, pero la gente es muy cuidadosa cuando compra casas. Se trata normalmente de la mayor inversión que van a hacer, de manera que estudian el asunto con cuidado y comparan precios".
De hecho, los compradores de casas comparan concienzudamente el precio de su compra potencial con los precios de otras casas. Pero eso no dice nada sobre si el precio en general de las casas está justificado.
En pocas palabras, la fe en los mercados financieros eficientes cegó a muchos, si no a la mayoría, de los economistas ante la aparición de la mayor burbuja financiera de la historia. Y la teoría del mercado eficiente también desempeñó un significante papel en inflar esa burbuja hasta ese primer puesto.
Ahora que ha quedado al descubierto la verdadera peligrosidad de los activos supuestamente seguros, las familias de Estados Unidos han visto evaporarse su dinero por valor de 13 billones de dólares. Se han perdido más de 6 millones de puestos de trabajo y el índice de desempleo alcanza su más alto nivel desde 1940. Así que ¿qué orientación tiene que ofrecer la economía moderna ante el presente aprieto? ¿Y deberíamos fiarnos de ella?
V. LA PELEA POR EL ESTÍMULO
Durante una recesión normal, la Reserva Federal responde comprando Letras del Tesoro -deuda pública a corto plazo- de los bancos. Esto hace bajar los tipos de interés de la deuda pública; los inversores, al buscar un tipo de rendimiento más alto, se mueven hacia otros activos, haciendo que bajen también otros tipos de interés; y normalmente esos bajos tipos de interés finalmente conducen a la recuperación económica. La Reserva Federal abordó la recesión que comenzó en 1990 bajando los tipos de interés a corto plazo del 9% al 3%. Abordó la recesión que comenzó en 2001 bajando los tipos de interés del 6,5% al 1%. E intentó abordar la actual recesión bajando los tipos de interés del 5,25% al 0%.
Pero resultó que el cero no es lo suficientemente bajo como para acabar con esta recesión. Y la Reserva Federal no puede poner los tipos a menos de cero, ya que con tipos próximos al cero los inversores sencillamente prefieren acaparar efectivo en lugar de prestarlo. De tal modo que a finales de 2008, con los tipos de interés básicamente en lo que los macroeconomistas llaman zero lower bound, o límite inferior cero, como quiera que la recesión continuaba ahondándose, la política monetaria convencional había perdido toda su fuerza de tracción.
¿Y ahora qué? Ésta es la segunda vez que Estados Unidos se ha tenido que enfrentar al límite inferior cero, habiendo sido la Gran Depresión la ocasión precedente. Y fue precisamente la observación de que hay un límite inferior a los tipos de interés lo que llevó a Keynes a abogar por un mayor gasto público: cuando la política monetaria es infructuosa y el sector privado no puede ser persuadido para que gaste más, el sector público tiene que ocupar su lugar en el sostenimiento de la economía. El estímulo fiscal es la respuesta keynesiana al tipo de situación económica depresiva en la que estamos inmersos.
Tal pensamiento keynesiano subyace en las políticas económicas de la Administración de Obama. John Cochrane, de la Universidad de Chicago, indignado ante la idea de que el gasto gubernamental pudiera mitigar la última recesión, declaró: "Eso no forma parte de lo que todos hemos enseñado a los estudiantes graduados desde los años sesenta. Ésas (las ideas keynesianas) son cuentos de hadas que han demostrado ser falsas. Es muy reconfortante en los momentos de tensión volver a los cuentos de hadas que escuchamos de niños, pero eso no los hace menos falsos".
Pero como ha señalado Brad DeLong, la actual postura académica viene también siendo de generalizado rechazo a las ideas de Milton Friedman. Friedman creía que la política de la Reserva Federal, más que para cambios en el gasto público, debía ser utilizada para estabilizar la economía, pero nunca afirmó que un aumento del gasto público no puede, en cualesquiera circunstancias, aumentar el empleo. De hecho, al volver a leer el sumario de las ideas de Friedman de 1970, Un marco teórico del análisis monetario, lo que llama la atención es lo keynesiano que parece.
Y ciertamente Friedman nunca se creyó la idea de que el paro masivo represente una voluntaria reducción del esfuerzo de trabajo o la idea de que las recesiones en realidad sean buenas para la economía. Sin embargo, Casey Mulligan, también de Chicago, sugiere que el desempleo es tan elevado porque muchos trabajadores están optando por no aceptar trabajos.
Ha sugerido, en particular, que los trabajadores están prefiriendo seguir desempleados porque ello mejora sus probabilidades de recibir ayudas a sus deudas hipotecarias. Y Cochrane declara que el alto desempleo en realidad es bueno: "Debiéramos tener una recesión. La gente que pasa su vida machacando clavos en Nevada necesita algo distinto que hacer".
Personalmente, pienso que eso es una locura. ¿Por qué debería el desempleo masivo en todo el país hacer que los carpinteros se fueran de Nevada? ¿Puede alguien alegar seriamente que hemos perdido 6,7 millones de puestos de trabajo porque hay pocos estadounidenses que quieran trabajar? Claro que si empiezas por asumir que la gente es perfectamente racional y los mercados perfectamente eficientes, tienes que llegar a la conclusión de que el desempleo es voluntario y la recesión es deseable.
VI. DEFECTOS Y FRICCIONES
La economía, como disciplina, se ha visto en dificultades debido a que los economistas fueron seducidos por la visión de un sistema de mercado perfecto y sin fricciones. Si la profesión ha de redimirse a sí misma tendrá que reconciliarse con una visión menos seductora, la de una economía de mercado que tiene unas cuantas virtudes pero que está también saturada de defectos y de fricciones.
Existe ya un modelo bastante bien desarrollado del tipo de economía que tengo en mente: la escuela de pensamiento conocida como finanzas conductuales. Quienes practican este planteamiento ponen el énfasis en dos cosas. Primero, en el mundo real hay muchos inversores que tienen un escaso parecido con los fríos calculadores de la teoría del mercado eficiente: casi todos están demasiado sometidos al comportamiento de la manada, a ataques de entusiasmo irracional y de pánicos injustificados. Segundo, incluso aquellos que tratan de basar sus decisiones en el frío cálculo se encuentran con que a menudo no pueden, que los problemas de confianza, de credibilidad y de garantías limitadas les fuerzan a ir con la manada.
Entretanto ¿qué ocurre con la macroeconomía? Los acontecimientos recientes han refutado de manera decisiva la idea de que las recesiones son una óptima respuesta a las fluctuaciones en los índices del progreso tecnológico; un punto de vista más o menos keynesiano es la única alternativa plausible. Pero los modelos del neokeynesianismo estándar no dejan espacio para una crisis como la que estamos padeciendo, ya que esos modelos generalmente aceptaron el punto de vista del sector financiero sobre el mercado eficiente.
Una línea de trabajo, encabezada por nada menos que Ben Bernanke en colaboración con Marc Gertler, de la Universidad de Nueva York, ha puesto el acento en el modo en el que la carencia de garantías suficientes puede dificultar la capacidad de los negocios para recabar fondos y forjar oportunidades de inversión. Una línea de trabajo similar, en gran parte establecida por mi colega de Princeton Nobuhiro Kiyotaki y por John Moore, de la London School of Economics, sostenía que los precios de activos tales como las propiedades inmobiliarias pueden sufrir desplomes de los que salen fortalecidos pero que, a cambio, deprimen a la economía en su conjunto. Pero hasta ahora el impacto de las finanzas disfuncionales no ha llegado ni siquiera al núcleo de la economía keynesiana. Claramente, eso tiene que cambiar.
VII. RECUPERANDO A KEYNES
Así que esto es lo que pienso que tienen que hacer los economistas. Primero, tienen que enfrentarse a la incómoda realidad de que los mercados financieros distan mucho de la perfección, de que están sometidos a falsas ilusiones extraordinarias y a las locuras de mucha gente. Segundo, tienen que admitir que la economía keynesiana sigue siendo el mejor armazón que tenemos para dar sentido a las recesiones y las depresiones. Tercero, tienen que hacer todo lo posible para incorporar las realidades de las finanzas a la macroeconomía.
Al replantearse sus propios fundamentos, la imagen que emerge ante la profesión puede que no sea tan clara; seguramente no será nítida, pero podemos esperar que tenga al menos la virtud de ser parcialmente acertada.
Paul Krugman es profesor de Economía en la Universidad de Princeton y premio Nobel de Economía 2008. © 2009 New York Times Service. Traducción de Juan Ramón Azaola.
Descolonizar el saber. Agustin Avila Romero
¿Geopolitica del saber?
“Es este un universalismo no-universal en la medida en que niega todo derecho diferente al liberal, que esta sustentado en la propiedad privada individual”
Bartolomé Calvero
El sistema de producción económico deriva de una visión hegemónica del mundo funcional a la reproducción de capital, pero no sólo lleva implícita la relación económica, sobre todo implica relaciones de poder que significan la existencia de la dicotomía de grupos dominados y dominantes, ya que un poder hegemónico implica también conquista y consenso para aceptar la condición de conquistado, misma que inevitablemente marca la dicotomía mencionada. Por ello, la visión hegemónica requiere mantener el poder, no sólo económico sino también cultural, puesto que al imponer la forma y términos del saber y del conocimiento es precisamente la manera en que se legitiman como grupos dominantes, para imponer también su forma de explicar la realidad, de entender el mundo y la sociedad.
“El neoliberalismo es debatido y confrontado como una teoría económica, cuando en realidad debe ser comprendido como el discurso hegemónico de un modelo civilizatorio, esto es, como una extraordinaria síntesis de los supuestos y valores básicos de la sociedad liberal moderna en torno al ser humano, la riqueza, la naturaleza, la historia, el progreso, el conocimiento y la buena vida” (Lander, Edgardo:La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales; 11,2000))
Esa visión hegemónica societal entra en disputa con la ritualidad, la tradición, la magia, la economía local, el poder social, la identidad cultural y la pluriversidad de cosmovisiones que perviven en muchas sociedades rurales en este siglo XXI y que resisten y se rebelan ante la lógica homogeneizante de los grandes dueños del dinero.
Así entonces, hacemos referencia a lo que Edgardo Lander (2000) llama la geopolítica, ya que para él la posición geográfica determina la colonialidad del poder, debido a que al ser considerado como grupo colonizado, el atrasado, el incivilizado, también es el mecanismo mediante el cual se va descalificando la forma de ver el mundo desde el colonizado, para imponérseles la visión occidental: la visión neoliberal, como la única válida; la visión de los conquistadores. De esta manera, las formas de crear conocimiento desde los colonizados se van convirtiendo en formas no válidas; colonizando así, no sólo a través del poder, sino sobre todo mediante el saber debido a que la colonialidad del saber es el factor determinante que asegura la permanencia de la dominación.
En efecto, para Quijano (2000) la colonialidad se refiere a un patrón de poder, que opera a través de la naturalización de jerarquías raciales que posibilitan la reproducción de relaciones de dominación territoriales y epistémicas, que no solo garantizan la explotación capitalista de unos seres humanos hacia otros, sino que también subaternalizan los conocimientos, experiencias y formas de vida de quienes son así dominados y explotados.
Según el autor (2007a, p. 93) la colonialidad se funda en la imposición de una clasificación racial/étnica de la población del mundo como piedra angular del patrón mundial de poder; opera tanto en cada uno de los planos y dimensiones –materiales e inmateriales- de la vida cotidiana como en la escala social, se origina en un contexto socio-histórico y se mundializa a partir de la invención de América; por su parte, el colonialismo referiría a una estructura de dominación y explotación, donde el control de la autoridad política, de los recursos de producción y del trabajo de una población, lo detenta otra de diferente identidad, cuyas sedes están además en otra jurisdicción territorial y no implica necesariamente relaciones racistas de poder.
Según Quijano, el actual patrón de poder mundial consiste en la articulación entre el capitalismo como patrón universal de control del trabajo y de explotación social, el estado -nación/moderno- como forma central y hegemónica de control de la autoridad colectiva, el eurocentrismo como forma hegemónica de control de la subjetividad/intersubjetividad y de la producción de conocimientos, y la colonialidad del poder como fundamento del patrón universal de clasificación y dominación social en torno a la idea de raza (Quijano, 2000, p.1).
En un sentido ampliado, Escobar (2005) entiende la colonialidad del poder como un modelo hegemónico global de poder instaurado desde la conquista de América que articula raza, conocimiento y trabajo, espacio, género y gentes, de acuerdo con las necesidades de poder del capital y de los blancos europeos/norteamericanos. Otros autores como Cajigas-Rotundo (2007) partiendo de esa conceptualización proponen y utilizan la noción de biocolonialidad del poder para referirse a la producción moderna, posmoderna y jerarquizante de la naturaleza en el marco del capitalismo moderno/posfordista.
Lo novedoso de la colonialidad del poder y de las perspectivas antes reseñadas es advertir cómo la idea de raza/racismo y aspectos asociadas a ella como el género, la humanidad y la clase se convierte en principios fundamentales de organización, dominación y clasificación socio-natural, que estructuran las múltiples jerarquías del sistema y del patrón mundial de poder. En ese sentido podemos comprender por ejemplo, cómo y por qué las diferentes formas de trabajo articuladas a la acumulación capitalista a escala mundial son asignadas de acuerdo a jerarquías raciales/clasistas; por qué la mayor parte del trabajo coercitivo (o precario) es realizado por personas no europeas en la periferia y el trabajo en blanco se localiza en los centros capitalistas. También nos facilita comprender las jerarquías desarrollo/subdesarrollo, avanzado/atrasado, rico/pobre; cómo y por qué los productos campesinos/populares son subvalorados respecto de los urbanos/capitalistas; o por qué el trabajo femenino/natural es subvalorado respecto del masculino/humano.
Por su parte, la colonialidad del saber se refiere a las relaciones de poder, a la prolongación contemporánea de las bases coloniales que sustentaron la modernidad en América Latina. No obstante que el colonialismo político fue cancelado, las relaciones en la cultura, y en especial de la producción del conocimiento, entre Europa y América Latina sigue siendo de dependencia. La colonialidad del saber, que se impone a América Latina y al mundo subdesarrollado, es el otro aspecto complementario del proceso de la consolidación del paradigma positivista hegemónico de la producción del conocimiento en la modernidad. La colonialidad del saber es parte del contexto global del patrón mundial del poder capitalista y, además, es una de las características centrales en el espacio de dominación interna, que impide y neutraliza el conocimiento de América Latina.
La colonialidad del saber es así, una construcción social e histórica donde la creación de la economía mundo en los albores del siglo XV con lleva la legitimación de saberes dominantes y la construcción de saberes oprimidos (ver Michael Foucault), así la lógica cientificista solo valora aquellas construcciones epistémicas y metodológicas que permiten prolongar dicha colonialidad y reproducir la lógica de la matriz cultural de dominación.
“El dominio hegemónico genera los ‘saberes sometidos’, definidos como la suma de contenidos históricos que fueron sepultados, enmascarados en coherencias funcionales o formales, que representan enfrentamientos, luchas y acciones concretas ante lo que se plantea como meta el olvido histórico sistemático, de tal modo que ‘los saberes sometidos son esos bloques históricos que estaban presentes y enmascarados dentro de los conjuntos funcionales y sistemáticos, y que la crítica pudo reaparecer por medio, desde luego, de la erudición’….Foucault considera también ‘saberes sometidos’ aquellos que son descalificados, definidos como no conceptuales; es decir, insuficientemente elaborados. Saberes ‘ingenuos’ que son percibidos desde el poder como jerárquicamente inferiores, que están por debajo del nivel de conocimiento socialmente reconocido o de lo que la ‘cientificidad’ exige, y que sólo tiene un sentido particular, local, regional, diferencial, cuya fuerza deviene del conocimiento singularizado respecto a los demás saberes y que Foucault denomina ‘saber de la gente’, ‘que no es en absoluto un saber común, un buen sentido sino, al contrario, un saber particular, un saber local, regional, un saber diferencial, incapaz de unanimidad y que sólo debe su fuerza al filo que opone a todos los que lo rodean, por la reaparición de esos saberes locales de la gente, de esos saberes descalificados, se hace la crítica” (Tarrio et al. Biopirateria en Chiapas: 61).
En efecto para Edgar Lander (2000) hay que tener en cuenta la colonialidad del saber, como dispositivo que organiza la totalidad del espacio y del tiempo de todas las culturas, pueblos y territorios del planeta, en una gran narrativa universal en la cual Europa y EE.UU. son simultáneamente, el centro geográfico y la culminación del movimiento temporal del saber. También se habla de colonialidad del saber en el sentido de que el pensamiento moderno ha sido posible gracias a su poder para subalternizar el pensamiento ubicado fuera de sus parámetros (Mignolo, 2003).
Esa supuesta superioridad atribuida al conocimiento europeo/norteamericano en muchas esferas de la vida es un aspecto importante de la colonialidad del poder en el sistema mundo moderno/colonial. A partir de ello los conocimientos subalternos se excluyen, se omiten, se silencian, se invisibilizan, se subvaloran o se ignoran.
En esa colonialidad juega un papel importante la raza, la clase, la etnia, el trabajo y el sexo como parámetros de jerarquización/clasificación social; la ciencia occidental moderna/colonial como modo hegemónico de producir conocimiento; y el euro-centrismo como modelo y actitud colonial frente al conocimiento.
“Esta es la cosmovisión que aporta los presupuestos fundantes a todo el edificio de saberes sociales modernos. Esta cosmovisión tiene como eje articulador central la idea de la modernidad, noción que captura complejamente cuatro dimensiones básicas: 1) la visión universal de la historia asociada a la idea de progreso (a partir de la cual se construye la clasificación y jerarquización de todos los pueblos y continentes, y experiencias históricas); 2) la “naturalización” tanto de las relaciones sociales como de la “naturaleza humana” de la sociedad liberal capitalista; 3) la naturalización u ontologización de las múltiples separaciones propias de esa sociedad; y 4) la necesaria superioridad de los saberes que produce esa sociedad (‘ciencia’) sobre todo otro saber.” (Lander. La colonialidad del saber, Pág. 22)
Se construye un modelo de conocimiento que al rechazar la validez de los saberes del otro, de todos los otros, les niega el derecho a sus propias opciones culturales, modos de vida y, con frecuencia, a la vida misma. Lejos se encuentra la ciencia neoliberal de ser realmente objetiva y de neutralidad valorativa, sus supuestos cosmogónicos, sus separaciones fundantes entre razón y cuerpo, sujeto y objeto, cultura y naturaleza, como sustentos necesarios de las nociones del progreso y del control y explotación de la naturaleza nos conducen a la presente crisis civilizatoria.
Por dichas razones diversos autores de la escuela subalterna y poscolonial hablan de que necesitamos una nueva geopolítica del saber, es decir, del reconocimiento de varios conocimientos, de la convicción de que hay varios lugares de enunciación científica. Vivimos en una época que ha posibilitado, por un lado, la potenciación del reconocimiento de la falacia del conocimiento científico único, de la denuncia del exclusivo espacio de enunciación del saber; y, por otro lado, de la necesidad de otras perspectivas que tuvieran orígenes en lugares diferentes de los tradicionales sitios de formulación científica y epistemológica.
Vemos que la historia del conocimiento está marcada geo-históricamente y además tiene un valor y un lugar de origen. El conocimiento no es abstracto y des-localizado. Todo lo contrario. Los conocimientos humanos que no se produzcan en una región del globo (desde Grecia a Francia, al norte del Mediterráneo) no tienen el mismo valor y legitimidad respecto a aquellos que se producen en África, Asia o América Latina y que inmediatamente son catalogados inferiores o no sostenibles.
De modo más concreto, Wallerstein denomina geo-cultura a este componente imaginario hegemónico del mundo moderno que se universaliza a partir de la revolución francesa.
Posteriormente, Aníbal Quijano con el concepto de colonialidad del poder incorpora la dimensión de la conquista de América a la raíz epistémica del sistema-mundo que desarrolla la modernidad desde el siglo XVI.
Otra consecuencia de la geopolítica del conocimiento es que se publican y traducen precisamente aquellos nombres cuyos trabajos contienen y reproducen el conocimiento geopolíticamente marcado.
“Con el inicio del colonialismo en América comienza no sólo la organización colonial del mundo sino –simultáneamente- la constitución colonial de los saberes, de los lenguajes, de la memoria y del imaginario” (Lander.ibid)
Esta relación de poder marcada por la diferencia colonial e instituida la colonialidad del poder (es decir, el discurso que justifica la diferencia colonial) es la que revela que el conocimiento está organizado mediante centros de poder y regiones subalternas. La trampa es que el discurso de la modernidad creó la ilusión de que el conocimiento es des-incorporado y des-localizado y que es necesario, desde todas las regiones del planeta, subir a la epistemología de la modernidad.
Sin embargo, como lo muestra hoy la crisis capitalista mundial los centros han dejado de ser las fuentes de poder y riqueza colonial de la anterioridad y asistimos así, a la conformación de archipiélagos de poder económico, social y cultural que se distribuyen a lo largo del planeta, abriendo camino a la pluriversidad epistémica que permita construir alternativas frente a la crisis civilizatoria actual.
Los fundamentos epistemológicos centrales del eurocentrismo o mejor dicho etnocentrismo occidental, se desarrollan sobre las bases de la colonización del mundo. El eurocentrismo se impone como la única racionalidad de validez universal en la producción de conocimientos y se construye sobre el desplazamiento y des- legitimación de otros modos de generación de conocimiento existente en América Latina. La razón eurocéntrica hunde sus raíces en el sometimiento y represión de otras fuentes de conocimientos y racionalidad no-eurocéntricas.
El eurocentrismo, es decir la producción del conocimiento mayoritario en América Latina, se desarrolla como parte la colonialidad del poder, su cuerpo teórico se instituye principalmente sobre la concepción de relaciones de superioridad/inferioridad entre europeos (junto a los criollos) y nativos de América Latina según la idea de la raza.
Desde hace quinientos años, la idea de la clasificación racial de la población se constituyó como parte del sistema de dependencia mundial y en la más profunda forma de dominación intersubjetiva.
Sin embargo, hoy es clara, la crisis del proyecto civilizatorio capitalista que sacude los cimientos del pensamiento moderno y, por tanto, el paradigma de la racionalidad occidental. El dominio de la ciencia sobre otras formas de conocimiento ha dado lugar al cientificismo, es decir, al hecho de convertir a la ciencia en la base ideológica del desarrollo modernizador y salvaje del que somos testigos en estos inicios del siglo XXI. El cientificismo parte de la idea de que la ciencia constituye el único conocimiento valido para la resolución de los problemas de la humanidad. Mediante esto olvida e ignora otras vías de comprensión personal y colectiva del mundo y sus sentidos de vida.
El desprecio por las actitudes religiosas, por las morales particulares, por las formas de sabiduría personal y colectiva que no pretenden competir con la ciencia occidental, es una forma de intolerancia que se utilizan como armas de violencia y de dominio que prefiguran claramente una geopolítica del saber.
Autores liberales como Edgar Morin( Morin, E. Los siete saberes necesarios para la educación del futuro 1999) reconocen que en un escenario signado por la complejidad:
"...hay una inadecuación cada vez más amplia, profunda y grave por un lado entre nuestros saberes desunidos, divididos, compartimentados y por el otro, realidades o problemas cada vez más polidisciplinarios, transversales, multidimensionales, transnacionales, globales, planetarios" (p. 37).
De esa manera la ego-política del conocimiento de la ciencia occidental privilegia el mito del “Ego” no situado que supuestamente asume un punto de vista universalista, neutral y objetivo. En esa manera de producir conocimiento la ubicación epistémica étnica/ racial/de género/sexual y el sujeto que habla están siempre desconectadas. En ese sentido, se produce un mito sobre un conocimiento universal fidedigno que cubre y/o disfraza a quien habla así como a su ubicación epistémica geopolítica y cuerpo-política en las estructuras del poder/conocimiento coloniales desde las cuales habla. Ese conocimiento no situado, deslugarizado, universal y de visión omnipresente (el ojo de dios) es lo que Castro-Gómez llamó la perspectiva del “punto cero” de la ciencia y de las filosofías eurocéntricas (Castro-Gómez, 2007).
Por lo que se puede concluir que aquellos que hacen un reconocimiento de la ciencia como único conocimiento valido y descalifican cualquier otro saber, hacen uso de un mecanismo ideológico con el que se intenta justificar la dominación del proyecto modernizador (Villoro, 1996).
Esta crisis civilizatoria que nos ha tocado vivir caracterizada por un proceso de desterritorialización física, cultural y epistémica muestra la necesidad de construir otro mundo alternativo donde los saberes del campesino, ranchero y del pueblo en general sean confrontados y dialogados con la racionalidad instrumental y monetaria del sistema capitalista. Tal vez lo más importante es romper el monocultivo mental- como le llama Vandana Shiva- y abrir los múltiples caminos por los que puede comprenderse esta realidad cambiante de la primera década del siglo XXI.
“….la deconstrucción de la hegemonía de un mundo organizado hegemónicamente como única opción, pasa por la emanación de sentidos comunes no alienados, epistemológicamente distintos al sentido dominante, provenientes de otros universos creativos. Sentidos comunes creados colectivamente –y permanentemente vueltos a crear-, madurados en el proceso de reconocimiento y reconstrucción de socialidades, en la resistencia y la lucha. La negación de sentidos comunes producidos a través del sistema de poderes sólo se constituye como ethos emancipatorio en el proceso de generación de nuevos sentidos y realidades, que es, simultáneamente, el proceso de creación de nuevas politicidades” (Ceceña; Ana Esther, Los desafios…pag38)
Para la creación de esas nuevas politicidades necesitamos una epistemología que trabaje en el límite de los conocimientos subordinados por la colonialidad del poder, marginados por la diferencia colonial y los conocimientos occidentales, traducidos a la perspectiva indígena, campesina y ranchera de conocimiento y a sus necesidades políticas y concepción ética. Ello nos permite dejar de pensar que lo que vale como conocimiento está en ciertas lenguas y viene de ciertos lugares.
La reactivación de los movimientos sociales desde los noventa, que incluye al propio sector indígena, son una muestra que expresa no sólo un conjunto de protestas contra la globalización y el neoliberalismo, sino, sobre todo, han inducido un regreso a un primer plano de las propuestas, los conocimientos y las esperanzas de un imaginario social distinto; espacios sociales en los que la razón eurocéntrica es cuestionada y emergen formas diversas de la razón histórica.
Se han ido formando nuevos sujetos sociales, con reivindicaciones, discurso y formas de organización y de movilización nuevos, y han hecho ya su ingreso en la escena política como actores decisivos en algunos países. Se trata, en primer término, del llamado movimiento de los pueblos indios que, aunque de dimensión continental, actuando desde Alaska hasta Tierra del Fuego, en América Latina tiene sus más importantes sedes nacionales en Ecuador, México y Bolivia. Estos movimientos “étnicos”, se dirigen a la redefinición de la cuestión nacional de los actuales estados y a la autonomía territorial de las nacionalidades dominadas. Ya han comenzado a cambiar la geografía política de América Latina y en Ecuador y Bolivia ya son, de hecho, los actores políticos más importantes.
Podemos observar así, que de acuerdo a las diferentes teorizaciones alternativas que retomamos en esta tesis como las pluralizaciones de la diferencia subalterna (Scott), el posmodernismo opositor (De Sousa), los nuevos imaginarios anti-capitalistas (Quijano/Amin), abren las perspectivas no eurocéntricas del programa modernidad/colonialidad, nos permiten avizorar una lógica teórica-política creciente para pensar el problema y la potencialidad de la diferencia bajo el legado crítico y la agencia social de resistencia y experimentación creativa, esto es lo que permite que los movimiento sociales hayan iniciado este movimiento descolonizador con iniciativas políticas de la otredad que van abriendo paso a la nueva independencia intelectual y política que recorre nuestra patria grande.
Por ejemplo,La Otra Campaña, a la cual nos convoco el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional no es solamente un movimiento social anticapitalista que crece y se concentra en la gente humilde y sencilla de nuestro México, es sobre todo mediante el caminar preguntando una propuesta de recuperación de saberes organizativos y de sentidos de pertenencia, frente al rompimiento de los tejidos sociales y comunitarios que las políticas de libre comercio y de subordinación agroalimentaria han ocasionado en los habitantes del campo y de la ciudad, es una propuesta epistemológica que nos habla de cómo mirar y analizar nuestras realidades, cuando el positivismo vuelve a hegemonizar los estudios sociales.
Este movimiento descolonizador encuentra su coincidencia con Enrique Leff cuando afirma que la actual crisis de la civilización se nos presenta también como un límite del pensamiento occidental (metafísico y científico) que niega el límite, el tiempo, la historia, la diferencia, la diversidad y la otredad, no es solo un problema del proyecto de crecimiento económico ilimitado que ha formulado este sistema capitalista, no se trata de un cambio natural, sino de un cambio inducido por la concepción metafísica, filosófica, ética, científica y tecnológica del mundo es la primer crisis del mundo real producida por el desconocimiento del conocimiento. (Leff: Complejidad Ambiental).
Por eso como afirma Boanaventura do Santos (Conocer desde el sur) es necesario como orientación epistemológica política y cultural, que nos desfamiliaricemos del Norte imperial y que aprendamos con el Sur. Mas advierto que el Sur es en sí, un producto del imperio y por eso aprender con el Sur requiere igualmente una desfamiliarización en relación al Sur imperial, es decir en relación a todo lo que en el Sur es resultado de la relación capitalista colonial. Así solo se aprende del Sur en la medida que éste se concibe como resistencia a la dominación del Norte y que se busca en él lo que no ha sido totalmente desfigurado o destruido por tal dominación. En otras palabras, solo se aprende del Sur en la medida que se contribuya a su eliminación como producto del imperio.
Coincido con Santos Boanaventura que los puntos de partida de esta epistemología desde el sur son tres: en primer lugar, el pensamiento de que la comprensión del mundo excede en mucho a la comprensión occidental del mundo. En segundo lugar, la comprensión del mundo y la forma como ella crea y legítima el poder social tiene mucho que ver con concepciones del tiempo y de la temporalidad, estas concepciones explican porque la vida campesina, indígena, rural o ranchera son disfuncionales a la reproducción capitalista en la cual nos movemos. En tercer lugar, la característica más fundamental de la concepción occidental de la racionalidad es el hecho de, por un lado, contraer el presente y, por otro, expandir el futuro. La contracción del presente, originada por una peculiar concepción de la totalidad, transformó el presente en un instante huidizo, atrincherado entre el pasado y el futuro. Del mismo modo, la concepción lineal del tiempo y la planificación de la historia permitieron expandir el futuro indefinidamente. Cuanto más amplio es el futuro, más luminosas son las expectativas confrontadas con las experiencias del presente. En los años 40, Ernst Bloch (1995: 313) se interrogaba perplejo: “si vivimos solo en el presente ¿por qué razón es tan fugaz ?.”
En la visión occidental la individualización es lo primordial, por tanto las comunidades que se encuentran organizadas como colectivo, en cuanto a derechos y obligaciones, resultan formas no válidas desde dicha visión hegemónica, porque la organización colectiva comunitaria para la producción capitalista no es funcional. Por ejemplo, en el caso de la propiedad de la tierra al ser comunal no es redituable para el sistema económico predominante, ya que su explotación tendría que ser de carácter individual. Es decir, la tenencia de la tierra tiene que estar bajo el esquema de propiedad privada para que circule como mercancía. Este ejemplo da cuenta de cómo la colonización se traduce en imposición y legitimación de una sola forma de ver el mundo, en una sola cultura que no acepta nada diferente.
En relación con el conocimiento, dicha lógica no es la excepción, la construcción de este elemento que es central en la cultura como forma de explicar el mundo, cuando no es resultado de la visión occidental simplemente no es legítimo, ya que la construcción del conocimiento científico surge de occidente y desde ahí es desde donde se estudia e investiga principalmente en las ciencias sociales. Por tanto, si uno de los paradigmas del eurocentrismo es la individualización, entonces el conocimiento es también individual desde dicha visión.
La colonialidad del poder permite la clasificación racial, sobre la base de los procesos de trabajo y la división internacional del trabajo; la colonialidad del saber (o los distintos saberes instituidos) los tradicionales y los nuevos que se convierten en objeto de estudio. La colonialidad del saber desprestigió todas las otras formas de pensamiento otro, diferentes al pensamiento imperial; el pensar en contra, a partir de otros fenómenos y otras realidades. Finalmente la categoría de la colonialidad del ser, tiene efectos perniciosos ya que crea una visión en el colonizado acentuando su falta de capacidad intelectual y su inferioridad racial frente a todo lo que implica el mundo occidental aceptando acriticamente todo lo proveniente incluso sus modas, sus costumbres y su cultura, en este sentido todos los pueblos colonizados son occidentalizados por vía de la violencia, el saber y la cultura.
La colonialidad del poder implico la colonialidad del saber, y la colonialidad del saber contribuyó a desmantelar (a veces con buenas intenciones) los sistemas legales Indígenas y también (nunca con buenas intenciones) a desmantelar la filosofía y la organización económica indígena y campesina en las regiones de nuestro México.
Así por ejemplo, las plantas nativas útiles para la salud y los alimentos, fueron renombradas en latín, un idioma diferente a la tierra de origen de la planta, se aprovecho todo el conocimiento ancestral de sus propiedades y se negó el reconocimiento de su aportación al universo del conocimiento occidental. Lo mismo sucedió con las tierras y pueblos conquistados, se les asignó un nombre occidental aunque en algunos casos conservó su nombre de origen. Así tenemos que el acto de nombrar, a partir de un conocimiento o descubrimiento, que se traduce en conquista, también es un acto de poder dominación y poder de sometimiento.
Frente a ello, la lógica de los subalternos mantiene su poder de negociación y de resistencia a la colonialidad del poder ,del saber y del ser, al negarse a llamar todavía a muchos pueblos en su nombre españolizado o al mantenerse la transmisión de saberes locales milenarios de generación en generación de acuerdo a los mecanismos de apropiación de la naturaleza y lo que los mismos pueblos y comunidades entienden por el buen vivir.
El modelo liberal de organización de la propiedad, del trabajo y del tiempo adquiere hegemonía en el mundo capitalista actual pero alrededor del planeta múltiples resistencias negocian y reformular los postulados liberales respecto a lo que es propiedad y lo que no lo es, si se vive para trabajar o se trabaja para vivir y las diferentes temporalidades que, por ejemplo, se rescatan en esta investigación.
Ahora bien la colonialidad del saber opera también sobre los procesos culturales y es condición necesaria en la constitución de las subjetividades. La colonialidad del saber o desculturización facilita que las formas del pensamiento se simplifiquen por la visión dominante, es decir, nos auto colonizamos, nos despojamos de nuestra capacidad de ser, la transculturización y aculturación sirven para los fines de los intereses dominantes que se nos presentan como hegemónicos.
Por este motivo -afirman los teóricos de la colonialidad-se requiere pensar desde la exterioridad colonial, esto es, construir un conocimiento social desde el afuera a lo que se considera valido de forma universal, ya que el actual conocimiento es construido por el adentro, a través de un proceso de universal exclusión, donde las historias particulares de los pueblos son referidas a los valores occidentales dominantes y esto no es así de sencillo, al menos desde el punto de vista histórico social. Valoración que genera mucha discusión en este mundo donde las interrelaciones, lenguajes, comunicación y construcción de significados se realizan a escala planetaria y todo permea el espacio local.
Por otra parte, los propios intelectuales progresistas hoy están ya corrigiendo los errores históricos, perpetuados a través de los siglos, e implementados por la colonialidad del poder y del saber. El pensamiento crítico del futuro ya no podrá ser una constante actualización del pensamiento crítico europeo o estadounidense, aún aquel que están produciendo hoy los intelectuales del Tercer Mundo en Europa y en Estados Unidos. El pensamiento crítico tendrá que ser desde la colonialidad, por la descolonización tanto económica como intelectual.
Hasta ahora la ciencia moderna se ha sumido en unos soliloquios en los cuales ella misma se daba los fundamentos de la verdad desde los parámetros de la modernidad occidental. Sus categorías de base eran siempre autoreferenciales, es decir, para criticar a la modernidad era necesario adoptar los conceptos hechos por la misma modernidad y para conocer la alteridad y la diferencia de otros pueblos, era también necesario adoptar conceptos hechos desde la matriz de la modernidad.
Este proceso de descolonización desde el cual figuramos nuestro estudio de los saberes locales producidos dentro de una geopolítica del saber, implica el desmontaje de estructuras de poder estatal, laboral, económico, cultural, del control de la sexualidad, de ideologías y de formas de conocimiento que producen una división maniquea del mundo. Para que esto ocurra también hay que reconocer que los movimientos sociales piensan, y que tanto los intelectuales como su obra actúan en diversas formas.
Considero que el encuentro entre activistas sociales e intelectuales conforma activistas epistémicos que pueden construir un diálogo de saberes que surgen de distintas pero relacionadas prácticas.
“La experiencia nos ha enseñado que las subversiones epistemológicas son siempre difíciles de hacer y de asir no sólo por las barreras que las circunda el pensamiento conservador sino porque, como corresponde, antes de ser atrapadas en los conceptos huyen provocando nuevas subversiones. De cualquier manera, la construcción de nuevos conceptos y nuevos modos de mirar la vida es ineludible para permitirles salir de viejos encierros. No hay subversión posible si no abarca el pensamiento, si no inventa nuevos nombres y nuevas metodologías, si no transforma el sentido cósmico y el sentido común que, como es evidente, se construyen en la interacción colectiva, haciendo y rehaciendo socialidad” (Ceceña:2006;14)
El imperativo por la descolonización del saber responde también a la idea propuesta de Boaventura de Sousa Santos (Santos:2006) de que no hay justicia social sin justicia cognitiva. Para él, esto es fundamental a la idea de democracia: No hay democracia, sin una democracia de conocimientos, de saberes y esos saberes son varios, son distintos, son los de los pueblos, de los hombres, de las mujeres, Una idea central en esta tesis es que no hay justicia social global sin justicia cognitiva global, o sea sin justicia entre los conocimientos, variedad entre los conocimientos.
Y por eso es que hoy la educación popular es tan importante, debemos retomar el valor de la educación popular para alcanzar la justicia cognitiva. La justicia cognitiva en la formulación de Sousa Santos toma en consideración a conocimientos prácticos, pero también pudiera hablarse de conocimientos técnicos no hegemónicos como aquellos adquiridos por comunidades e intelectuales en el proceso de resistir y pensar alternativas a la colonización.
Así la crisis de las ciencias sociales es desde mi punto de vista, la crisis no del objeto de estudio sino del sujeto investigador que proclive a adoptar las teorías posmodernistas , neopositivas y relativistas de la realidad no hace más que abandonar el compromiso ético y social que todo proceso de investigación tiene con los subalternos y damnificados de esta modernidad capitalista.
El problema que las concepciones academicistas no han logrado comprender es que tanto las propias preguntas de investigación, como los modos de producción de las investigaciones (lo que usualmente se llama métodos), dependen en última instancia de opciones epistemológicas, que están asociadas a posiciones éticas y políticas que dependen entre otras factores del tipo de relaciones que se sostiene o se aspira a sostener con actores sociales extra académicos.
Las posiciones éticas y políticas son constitutivas del piso epistemológico y de las perspectivas teóricas de nuestras investigaciones; y así también de las preguntas y de los métodos, y de este modo lo son también de los resultados de las investigaciones, y ello tanto respecto de su contenido, como de su forma: las publicaciones. De las respuestas a las preguntas de ¿para qué? y ¿para quién/es investigar? Depende: qué investigar, cómo, con quiénes, en el marco de cuáles relaciones, con cuáles propósitos, si acaso acabaríamos produciendo una publicación en papel y tinta o qué “cosa” y cómo pensamos que tales “cosas” deberían o podrían circular y/o ser útiles, a quiénes, qué importancia tendrían los resultados y cuál los procesos y experiencias.
En otras palabras, tratase, del lado del pensamiento hegemónico, de un problema político con profundas implicaciones gnoseológicas y, del lado del saber contra-hegemónico de un problema epistemológico con fuertes implicaciones políticas. El saber contra-hegemónico con un papel claro de articulación, unión y análisis de perspectivas de los movimientos sociales, con planteamientos innovadores y creativos que permitan un nuevo papel de los movimientos sociales frente al desgajamiento del mundo del trabajo y del tejido comunitario que la mundialización ha puesto en marcha contra millones de habitantes de nuestro planeta.
Tal y como afirma Boanaventura do Santos (2006: Conocer desde el sur: 27) “El científico no debe diluir su identidad en la de activista pero tampoco construirla sin relación con el activismo”.
Por eso, ahora los pueblos indios, los habitantes de comunidades y ejidos, los rancheros ligados a la tierra, los indios güeros, el trotar campesino vuelto citadino y de modo creciente todos los demás sectores de la población mundial, comenzando por la comunidad científica mundial y los intelectuales y profesionales de las capas medias, así como los trabajadores de todo el mundo industrial/urbano, están descubriendo que, dadas las tendencias destructivas del capitalismo actual, esos recursos de sobrevivencia de los indígenas y campesinos -entre los cuales se encuentran los saberes locales y su forma de apropiarse la naturaleza- son nada menos que recursos de la defensa de la vida misma en el planeta y que son, precisamente, los que el capitalismo colonial/moderno está llevando a la destrucción total.
Frente a ello está emergiendo una vasta coalición social que puede ser, de hecho es, un nuevo movimiento mundial de la sociedad. Parte de la comprobación continua de que el actual capitalismo colonial/moderno es un riesgo inminente de destrucción de la vida en nuestro planeta. Pero, al mismo tiempo también comienza a descubrir que por su propio desarrollo científico-tecnológico, este patrón de poder es no sólo peligroso, sino finalmente innecesario e inútil, como lo muestra la actual crisis de sobreacumulación capitalista que esta condenando a millones de personas a pasar hambre y que profundiza los procesos de despojo, desprecio, explotación y represión.
Somos testigos así de un proceso de descolonialidad de la existencia social que esta tomando fuerza en aquellas regiones indígenas, campesinas y rancheras de nuestro continente, África y Asia. Un nuevo horizonte histórico está emergiendo. Eso implica, en primer término, nuestra emancipación del Eurocentrismo, esa forma de producir subjetividad (imaginario social, memoria histórica y conocimiento) de modo distorsionado y distorsionante, que, aparte de la violencia, es el más eficaz instrumento de control que el capitalismo tiene para mantener la existencia social de la especie humana dentro de este patrón de poder.
Esa emancipación es, precisamente, lo que esta ocurriendo; eso es lo que significa descubrir que los recursos de sobrevivencia de los indígenas y campesinos del mundo son los mismos recursos de la vida en el planeta, y descubrir al mismo tiempo, en el mismo movimiento de nuestras luchas, que ya tenemos la tecnología social para prescindir del capitalismo y que un proyecto contrahegemonico y alternativo esta en marcha.
La apelación a otros temas como nación y modernidades, ecología de la diferencia, la relación ser humano y naturaleza, la cultura y el lugar, modernidad e identidad y antropologías, completan el mapa sobre globalización y diferencia, siempre intentando pensar más allá del paradigma de la modernidad y en el marco de la defensa ecológica, económica político-cultural y sus derivaciones e implicaciones epistémicas/epistemológicas, ontológicas y existenciales.
“Es este un universalismo no-universal en la medida en que niega todo derecho diferente al liberal, que esta sustentado en la propiedad privada individual”
Bartolomé Calvero
El sistema de producción económico deriva de una visión hegemónica del mundo funcional a la reproducción de capital, pero no sólo lleva implícita la relación económica, sobre todo implica relaciones de poder que significan la existencia de la dicotomía de grupos dominados y dominantes, ya que un poder hegemónico implica también conquista y consenso para aceptar la condición de conquistado, misma que inevitablemente marca la dicotomía mencionada. Por ello, la visión hegemónica requiere mantener el poder, no sólo económico sino también cultural, puesto que al imponer la forma y términos del saber y del conocimiento es precisamente la manera en que se legitiman como grupos dominantes, para imponer también su forma de explicar la realidad, de entender el mundo y la sociedad.
“El neoliberalismo es debatido y confrontado como una teoría económica, cuando en realidad debe ser comprendido como el discurso hegemónico de un modelo civilizatorio, esto es, como una extraordinaria síntesis de los supuestos y valores básicos de la sociedad liberal moderna en torno al ser humano, la riqueza, la naturaleza, la historia, el progreso, el conocimiento y la buena vida” (Lander, Edgardo:La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales; 11,2000))
Esa visión hegemónica societal entra en disputa con la ritualidad, la tradición, la magia, la economía local, el poder social, la identidad cultural y la pluriversidad de cosmovisiones que perviven en muchas sociedades rurales en este siglo XXI y que resisten y se rebelan ante la lógica homogeneizante de los grandes dueños del dinero.
Así entonces, hacemos referencia a lo que Edgardo Lander (2000) llama la geopolítica, ya que para él la posición geográfica determina la colonialidad del poder, debido a que al ser considerado como grupo colonizado, el atrasado, el incivilizado, también es el mecanismo mediante el cual se va descalificando la forma de ver el mundo desde el colonizado, para imponérseles la visión occidental: la visión neoliberal, como la única válida; la visión de los conquistadores. De esta manera, las formas de crear conocimiento desde los colonizados se van convirtiendo en formas no válidas; colonizando así, no sólo a través del poder, sino sobre todo mediante el saber debido a que la colonialidad del saber es el factor determinante que asegura la permanencia de la dominación.
En efecto, para Quijano (2000) la colonialidad se refiere a un patrón de poder, que opera a través de la naturalización de jerarquías raciales que posibilitan la reproducción de relaciones de dominación territoriales y epistémicas, que no solo garantizan la explotación capitalista de unos seres humanos hacia otros, sino que también subaternalizan los conocimientos, experiencias y formas de vida de quienes son así dominados y explotados.
Según el autor (2007a, p. 93) la colonialidad se funda en la imposición de una clasificación racial/étnica de la población del mundo como piedra angular del patrón mundial de poder; opera tanto en cada uno de los planos y dimensiones –materiales e inmateriales- de la vida cotidiana como en la escala social, se origina en un contexto socio-histórico y se mundializa a partir de la invención de América; por su parte, el colonialismo referiría a una estructura de dominación y explotación, donde el control de la autoridad política, de los recursos de producción y del trabajo de una población, lo detenta otra de diferente identidad, cuyas sedes están además en otra jurisdicción territorial y no implica necesariamente relaciones racistas de poder.
Según Quijano, el actual patrón de poder mundial consiste en la articulación entre el capitalismo como patrón universal de control del trabajo y de explotación social, el estado -nación/moderno- como forma central y hegemónica de control de la autoridad colectiva, el eurocentrismo como forma hegemónica de control de la subjetividad/intersubjetividad y de la producción de conocimientos, y la colonialidad del poder como fundamento del patrón universal de clasificación y dominación social en torno a la idea de raza (Quijano, 2000, p.1).
En un sentido ampliado, Escobar (2005) entiende la colonialidad del poder como un modelo hegemónico global de poder instaurado desde la conquista de América que articula raza, conocimiento y trabajo, espacio, género y gentes, de acuerdo con las necesidades de poder del capital y de los blancos europeos/norteamericanos. Otros autores como Cajigas-Rotundo (2007) partiendo de esa conceptualización proponen y utilizan la noción de biocolonialidad del poder para referirse a la producción moderna, posmoderna y jerarquizante de la naturaleza en el marco del capitalismo moderno/posfordista.
Lo novedoso de la colonialidad del poder y de las perspectivas antes reseñadas es advertir cómo la idea de raza/racismo y aspectos asociadas a ella como el género, la humanidad y la clase se convierte en principios fundamentales de organización, dominación y clasificación socio-natural, que estructuran las múltiples jerarquías del sistema y del patrón mundial de poder. En ese sentido podemos comprender por ejemplo, cómo y por qué las diferentes formas de trabajo articuladas a la acumulación capitalista a escala mundial son asignadas de acuerdo a jerarquías raciales/clasistas; por qué la mayor parte del trabajo coercitivo (o precario) es realizado por personas no europeas en la periferia y el trabajo en blanco se localiza en los centros capitalistas. También nos facilita comprender las jerarquías desarrollo/subdesarrollo, avanzado/atrasado, rico/pobre; cómo y por qué los productos campesinos/populares son subvalorados respecto de los urbanos/capitalistas; o por qué el trabajo femenino/natural es subvalorado respecto del masculino/humano.
Por su parte, la colonialidad del saber se refiere a las relaciones de poder, a la prolongación contemporánea de las bases coloniales que sustentaron la modernidad en América Latina. No obstante que el colonialismo político fue cancelado, las relaciones en la cultura, y en especial de la producción del conocimiento, entre Europa y América Latina sigue siendo de dependencia. La colonialidad del saber, que se impone a América Latina y al mundo subdesarrollado, es el otro aspecto complementario del proceso de la consolidación del paradigma positivista hegemónico de la producción del conocimiento en la modernidad. La colonialidad del saber es parte del contexto global del patrón mundial del poder capitalista y, además, es una de las características centrales en el espacio de dominación interna, que impide y neutraliza el conocimiento de América Latina.
La colonialidad del saber es así, una construcción social e histórica donde la creación de la economía mundo en los albores del siglo XV con lleva la legitimación de saberes dominantes y la construcción de saberes oprimidos (ver Michael Foucault), así la lógica cientificista solo valora aquellas construcciones epistémicas y metodológicas que permiten prolongar dicha colonialidad y reproducir la lógica de la matriz cultural de dominación.
“El dominio hegemónico genera los ‘saberes sometidos’, definidos como la suma de contenidos históricos que fueron sepultados, enmascarados en coherencias funcionales o formales, que representan enfrentamientos, luchas y acciones concretas ante lo que se plantea como meta el olvido histórico sistemático, de tal modo que ‘los saberes sometidos son esos bloques históricos que estaban presentes y enmascarados dentro de los conjuntos funcionales y sistemáticos, y que la crítica pudo reaparecer por medio, desde luego, de la erudición’….Foucault considera también ‘saberes sometidos’ aquellos que son descalificados, definidos como no conceptuales; es decir, insuficientemente elaborados. Saberes ‘ingenuos’ que son percibidos desde el poder como jerárquicamente inferiores, que están por debajo del nivel de conocimiento socialmente reconocido o de lo que la ‘cientificidad’ exige, y que sólo tiene un sentido particular, local, regional, diferencial, cuya fuerza deviene del conocimiento singularizado respecto a los demás saberes y que Foucault denomina ‘saber de la gente’, ‘que no es en absoluto un saber común, un buen sentido sino, al contrario, un saber particular, un saber local, regional, un saber diferencial, incapaz de unanimidad y que sólo debe su fuerza al filo que opone a todos los que lo rodean, por la reaparición de esos saberes locales de la gente, de esos saberes descalificados, se hace la crítica” (Tarrio et al. Biopirateria en Chiapas: 61).
En efecto para Edgar Lander (2000) hay que tener en cuenta la colonialidad del saber, como dispositivo que organiza la totalidad del espacio y del tiempo de todas las culturas, pueblos y territorios del planeta, en una gran narrativa universal en la cual Europa y EE.UU. son simultáneamente, el centro geográfico y la culminación del movimiento temporal del saber. También se habla de colonialidad del saber en el sentido de que el pensamiento moderno ha sido posible gracias a su poder para subalternizar el pensamiento ubicado fuera de sus parámetros (Mignolo, 2003).
Esa supuesta superioridad atribuida al conocimiento europeo/norteamericano en muchas esferas de la vida es un aspecto importante de la colonialidad del poder en el sistema mundo moderno/colonial. A partir de ello los conocimientos subalternos se excluyen, se omiten, se silencian, se invisibilizan, se subvaloran o se ignoran.
En esa colonialidad juega un papel importante la raza, la clase, la etnia, el trabajo y el sexo como parámetros de jerarquización/clasificación social; la ciencia occidental moderna/colonial como modo hegemónico de producir conocimiento; y el euro-centrismo como modelo y actitud colonial frente al conocimiento.
“Esta es la cosmovisión que aporta los presupuestos fundantes a todo el edificio de saberes sociales modernos. Esta cosmovisión tiene como eje articulador central la idea de la modernidad, noción que captura complejamente cuatro dimensiones básicas: 1) la visión universal de la historia asociada a la idea de progreso (a partir de la cual se construye la clasificación y jerarquización de todos los pueblos y continentes, y experiencias históricas); 2) la “naturalización” tanto de las relaciones sociales como de la “naturaleza humana” de la sociedad liberal capitalista; 3) la naturalización u ontologización de las múltiples separaciones propias de esa sociedad; y 4) la necesaria superioridad de los saberes que produce esa sociedad (‘ciencia’) sobre todo otro saber.” (Lander. La colonialidad del saber, Pág. 22)
Se construye un modelo de conocimiento que al rechazar la validez de los saberes del otro, de todos los otros, les niega el derecho a sus propias opciones culturales, modos de vida y, con frecuencia, a la vida misma. Lejos se encuentra la ciencia neoliberal de ser realmente objetiva y de neutralidad valorativa, sus supuestos cosmogónicos, sus separaciones fundantes entre razón y cuerpo, sujeto y objeto, cultura y naturaleza, como sustentos necesarios de las nociones del progreso y del control y explotación de la naturaleza nos conducen a la presente crisis civilizatoria.
Por dichas razones diversos autores de la escuela subalterna y poscolonial hablan de que necesitamos una nueva geopolítica del saber, es decir, del reconocimiento de varios conocimientos, de la convicción de que hay varios lugares de enunciación científica. Vivimos en una época que ha posibilitado, por un lado, la potenciación del reconocimiento de la falacia del conocimiento científico único, de la denuncia del exclusivo espacio de enunciación del saber; y, por otro lado, de la necesidad de otras perspectivas que tuvieran orígenes en lugares diferentes de los tradicionales sitios de formulación científica y epistemológica.
Vemos que la historia del conocimiento está marcada geo-históricamente y además tiene un valor y un lugar de origen. El conocimiento no es abstracto y des-localizado. Todo lo contrario. Los conocimientos humanos que no se produzcan en una región del globo (desde Grecia a Francia, al norte del Mediterráneo) no tienen el mismo valor y legitimidad respecto a aquellos que se producen en África, Asia o América Latina y que inmediatamente son catalogados inferiores o no sostenibles.
De modo más concreto, Wallerstein denomina geo-cultura a este componente imaginario hegemónico del mundo moderno que se universaliza a partir de la revolución francesa.
Posteriormente, Aníbal Quijano con el concepto de colonialidad del poder incorpora la dimensión de la conquista de América a la raíz epistémica del sistema-mundo que desarrolla la modernidad desde el siglo XVI.
Otra consecuencia de la geopolítica del conocimiento es que se publican y traducen precisamente aquellos nombres cuyos trabajos contienen y reproducen el conocimiento geopolíticamente marcado.
“Con el inicio del colonialismo en América comienza no sólo la organización colonial del mundo sino –simultáneamente- la constitución colonial de los saberes, de los lenguajes, de la memoria y del imaginario” (Lander.ibid)
Esta relación de poder marcada por la diferencia colonial e instituida la colonialidad del poder (es decir, el discurso que justifica la diferencia colonial) es la que revela que el conocimiento está organizado mediante centros de poder y regiones subalternas. La trampa es que el discurso de la modernidad creó la ilusión de que el conocimiento es des-incorporado y des-localizado y que es necesario, desde todas las regiones del planeta, subir a la epistemología de la modernidad.
Sin embargo, como lo muestra hoy la crisis capitalista mundial los centros han dejado de ser las fuentes de poder y riqueza colonial de la anterioridad y asistimos así, a la conformación de archipiélagos de poder económico, social y cultural que se distribuyen a lo largo del planeta, abriendo camino a la pluriversidad epistémica que permita construir alternativas frente a la crisis civilizatoria actual.
Los fundamentos epistemológicos centrales del eurocentrismo o mejor dicho etnocentrismo occidental, se desarrollan sobre las bases de la colonización del mundo. El eurocentrismo se impone como la única racionalidad de validez universal en la producción de conocimientos y se construye sobre el desplazamiento y des- legitimación de otros modos de generación de conocimiento existente en América Latina. La razón eurocéntrica hunde sus raíces en el sometimiento y represión de otras fuentes de conocimientos y racionalidad no-eurocéntricas.
El eurocentrismo, es decir la producción del conocimiento mayoritario en América Latina, se desarrolla como parte la colonialidad del poder, su cuerpo teórico se instituye principalmente sobre la concepción de relaciones de superioridad/inferioridad entre europeos (junto a los criollos) y nativos de América Latina según la idea de la raza.
Desde hace quinientos años, la idea de la clasificación racial de la población se constituyó como parte del sistema de dependencia mundial y en la más profunda forma de dominación intersubjetiva.
Sin embargo, hoy es clara, la crisis del proyecto civilizatorio capitalista que sacude los cimientos del pensamiento moderno y, por tanto, el paradigma de la racionalidad occidental. El dominio de la ciencia sobre otras formas de conocimiento ha dado lugar al cientificismo, es decir, al hecho de convertir a la ciencia en la base ideológica del desarrollo modernizador y salvaje del que somos testigos en estos inicios del siglo XXI. El cientificismo parte de la idea de que la ciencia constituye el único conocimiento valido para la resolución de los problemas de la humanidad. Mediante esto olvida e ignora otras vías de comprensión personal y colectiva del mundo y sus sentidos de vida.
El desprecio por las actitudes religiosas, por las morales particulares, por las formas de sabiduría personal y colectiva que no pretenden competir con la ciencia occidental, es una forma de intolerancia que se utilizan como armas de violencia y de dominio que prefiguran claramente una geopolítica del saber.
Autores liberales como Edgar Morin( Morin, E. Los siete saberes necesarios para la educación del futuro 1999) reconocen que en un escenario signado por la complejidad:
"...hay una inadecuación cada vez más amplia, profunda y grave por un lado entre nuestros saberes desunidos, divididos, compartimentados y por el otro, realidades o problemas cada vez más polidisciplinarios, transversales, multidimensionales, transnacionales, globales, planetarios" (p. 37).
De esa manera la ego-política del conocimiento de la ciencia occidental privilegia el mito del “Ego” no situado que supuestamente asume un punto de vista universalista, neutral y objetivo. En esa manera de producir conocimiento la ubicación epistémica étnica/ racial/de género/sexual y el sujeto que habla están siempre desconectadas. En ese sentido, se produce un mito sobre un conocimiento universal fidedigno que cubre y/o disfraza a quien habla así como a su ubicación epistémica geopolítica y cuerpo-política en las estructuras del poder/conocimiento coloniales desde las cuales habla. Ese conocimiento no situado, deslugarizado, universal y de visión omnipresente (el ojo de dios) es lo que Castro-Gómez llamó la perspectiva del “punto cero” de la ciencia y de las filosofías eurocéntricas (Castro-Gómez, 2007).
Por lo que se puede concluir que aquellos que hacen un reconocimiento de la ciencia como único conocimiento valido y descalifican cualquier otro saber, hacen uso de un mecanismo ideológico con el que se intenta justificar la dominación del proyecto modernizador (Villoro, 1996).
Esta crisis civilizatoria que nos ha tocado vivir caracterizada por un proceso de desterritorialización física, cultural y epistémica muestra la necesidad de construir otro mundo alternativo donde los saberes del campesino, ranchero y del pueblo en general sean confrontados y dialogados con la racionalidad instrumental y monetaria del sistema capitalista. Tal vez lo más importante es romper el monocultivo mental- como le llama Vandana Shiva- y abrir los múltiples caminos por los que puede comprenderse esta realidad cambiante de la primera década del siglo XXI.
“….la deconstrucción de la hegemonía de un mundo organizado hegemónicamente como única opción, pasa por la emanación de sentidos comunes no alienados, epistemológicamente distintos al sentido dominante, provenientes de otros universos creativos. Sentidos comunes creados colectivamente –y permanentemente vueltos a crear-, madurados en el proceso de reconocimiento y reconstrucción de socialidades, en la resistencia y la lucha. La negación de sentidos comunes producidos a través del sistema de poderes sólo se constituye como ethos emancipatorio en el proceso de generación de nuevos sentidos y realidades, que es, simultáneamente, el proceso de creación de nuevas politicidades” (Ceceña; Ana Esther, Los desafios…pag38)
Para la creación de esas nuevas politicidades necesitamos una epistemología que trabaje en el límite de los conocimientos subordinados por la colonialidad del poder, marginados por la diferencia colonial y los conocimientos occidentales, traducidos a la perspectiva indígena, campesina y ranchera de conocimiento y a sus necesidades políticas y concepción ética. Ello nos permite dejar de pensar que lo que vale como conocimiento está en ciertas lenguas y viene de ciertos lugares.
La reactivación de los movimientos sociales desde los noventa, que incluye al propio sector indígena, son una muestra que expresa no sólo un conjunto de protestas contra la globalización y el neoliberalismo, sino, sobre todo, han inducido un regreso a un primer plano de las propuestas, los conocimientos y las esperanzas de un imaginario social distinto; espacios sociales en los que la razón eurocéntrica es cuestionada y emergen formas diversas de la razón histórica.
Se han ido formando nuevos sujetos sociales, con reivindicaciones, discurso y formas de organización y de movilización nuevos, y han hecho ya su ingreso en la escena política como actores decisivos en algunos países. Se trata, en primer término, del llamado movimiento de los pueblos indios que, aunque de dimensión continental, actuando desde Alaska hasta Tierra del Fuego, en América Latina tiene sus más importantes sedes nacionales en Ecuador, México y Bolivia. Estos movimientos “étnicos”, se dirigen a la redefinición de la cuestión nacional de los actuales estados y a la autonomía territorial de las nacionalidades dominadas. Ya han comenzado a cambiar la geografía política de América Latina y en Ecuador y Bolivia ya son, de hecho, los actores políticos más importantes.
Podemos observar así, que de acuerdo a las diferentes teorizaciones alternativas que retomamos en esta tesis como las pluralizaciones de la diferencia subalterna (Scott), el posmodernismo opositor (De Sousa), los nuevos imaginarios anti-capitalistas (Quijano/Amin), abren las perspectivas no eurocéntricas del programa modernidad/colonialidad, nos permiten avizorar una lógica teórica-política creciente para pensar el problema y la potencialidad de la diferencia bajo el legado crítico y la agencia social de resistencia y experimentación creativa, esto es lo que permite que los movimiento sociales hayan iniciado este movimiento descolonizador con iniciativas políticas de la otredad que van abriendo paso a la nueva independencia intelectual y política que recorre nuestra patria grande.
Por ejemplo,La Otra Campaña, a la cual nos convoco el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional no es solamente un movimiento social anticapitalista que crece y se concentra en la gente humilde y sencilla de nuestro México, es sobre todo mediante el caminar preguntando una propuesta de recuperación de saberes organizativos y de sentidos de pertenencia, frente al rompimiento de los tejidos sociales y comunitarios que las políticas de libre comercio y de subordinación agroalimentaria han ocasionado en los habitantes del campo y de la ciudad, es una propuesta epistemológica que nos habla de cómo mirar y analizar nuestras realidades, cuando el positivismo vuelve a hegemonizar los estudios sociales.
Este movimiento descolonizador encuentra su coincidencia con Enrique Leff cuando afirma que la actual crisis de la civilización se nos presenta también como un límite del pensamiento occidental (metafísico y científico) que niega el límite, el tiempo, la historia, la diferencia, la diversidad y la otredad, no es solo un problema del proyecto de crecimiento económico ilimitado que ha formulado este sistema capitalista, no se trata de un cambio natural, sino de un cambio inducido por la concepción metafísica, filosófica, ética, científica y tecnológica del mundo es la primer crisis del mundo real producida por el desconocimiento del conocimiento. (Leff: Complejidad Ambiental).
Por eso como afirma Boanaventura do Santos (Conocer desde el sur) es necesario como orientación epistemológica política y cultural, que nos desfamiliaricemos del Norte imperial y que aprendamos con el Sur. Mas advierto que el Sur es en sí, un producto del imperio y por eso aprender con el Sur requiere igualmente una desfamiliarización en relación al Sur imperial, es decir en relación a todo lo que en el Sur es resultado de la relación capitalista colonial. Así solo se aprende del Sur en la medida que éste se concibe como resistencia a la dominación del Norte y que se busca en él lo que no ha sido totalmente desfigurado o destruido por tal dominación. En otras palabras, solo se aprende del Sur en la medida que se contribuya a su eliminación como producto del imperio.
Coincido con Santos Boanaventura que los puntos de partida de esta epistemología desde el sur son tres: en primer lugar, el pensamiento de que la comprensión del mundo excede en mucho a la comprensión occidental del mundo. En segundo lugar, la comprensión del mundo y la forma como ella crea y legítima el poder social tiene mucho que ver con concepciones del tiempo y de la temporalidad, estas concepciones explican porque la vida campesina, indígena, rural o ranchera son disfuncionales a la reproducción capitalista en la cual nos movemos. En tercer lugar, la característica más fundamental de la concepción occidental de la racionalidad es el hecho de, por un lado, contraer el presente y, por otro, expandir el futuro. La contracción del presente, originada por una peculiar concepción de la totalidad, transformó el presente en un instante huidizo, atrincherado entre el pasado y el futuro. Del mismo modo, la concepción lineal del tiempo y la planificación de la historia permitieron expandir el futuro indefinidamente. Cuanto más amplio es el futuro, más luminosas son las expectativas confrontadas con las experiencias del presente. En los años 40, Ernst Bloch (1995: 313) se interrogaba perplejo: “si vivimos solo en el presente ¿por qué razón es tan fugaz ?.”
En la visión occidental la individualización es lo primordial, por tanto las comunidades que se encuentran organizadas como colectivo, en cuanto a derechos y obligaciones, resultan formas no válidas desde dicha visión hegemónica, porque la organización colectiva comunitaria para la producción capitalista no es funcional. Por ejemplo, en el caso de la propiedad de la tierra al ser comunal no es redituable para el sistema económico predominante, ya que su explotación tendría que ser de carácter individual. Es decir, la tenencia de la tierra tiene que estar bajo el esquema de propiedad privada para que circule como mercancía. Este ejemplo da cuenta de cómo la colonización se traduce en imposición y legitimación de una sola forma de ver el mundo, en una sola cultura que no acepta nada diferente.
En relación con el conocimiento, dicha lógica no es la excepción, la construcción de este elemento que es central en la cultura como forma de explicar el mundo, cuando no es resultado de la visión occidental simplemente no es legítimo, ya que la construcción del conocimiento científico surge de occidente y desde ahí es desde donde se estudia e investiga principalmente en las ciencias sociales. Por tanto, si uno de los paradigmas del eurocentrismo es la individualización, entonces el conocimiento es también individual desde dicha visión.
La colonialidad del poder permite la clasificación racial, sobre la base de los procesos de trabajo y la división internacional del trabajo; la colonialidad del saber (o los distintos saberes instituidos) los tradicionales y los nuevos que se convierten en objeto de estudio. La colonialidad del saber desprestigió todas las otras formas de pensamiento otro, diferentes al pensamiento imperial; el pensar en contra, a partir de otros fenómenos y otras realidades. Finalmente la categoría de la colonialidad del ser, tiene efectos perniciosos ya que crea una visión en el colonizado acentuando su falta de capacidad intelectual y su inferioridad racial frente a todo lo que implica el mundo occidental aceptando acriticamente todo lo proveniente incluso sus modas, sus costumbres y su cultura, en este sentido todos los pueblos colonizados son occidentalizados por vía de la violencia, el saber y la cultura.
La colonialidad del poder implico la colonialidad del saber, y la colonialidad del saber contribuyó a desmantelar (a veces con buenas intenciones) los sistemas legales Indígenas y también (nunca con buenas intenciones) a desmantelar la filosofía y la organización económica indígena y campesina en las regiones de nuestro México.
Así por ejemplo, las plantas nativas útiles para la salud y los alimentos, fueron renombradas en latín, un idioma diferente a la tierra de origen de la planta, se aprovecho todo el conocimiento ancestral de sus propiedades y se negó el reconocimiento de su aportación al universo del conocimiento occidental. Lo mismo sucedió con las tierras y pueblos conquistados, se les asignó un nombre occidental aunque en algunos casos conservó su nombre de origen. Así tenemos que el acto de nombrar, a partir de un conocimiento o descubrimiento, que se traduce en conquista, también es un acto de poder dominación y poder de sometimiento.
Frente a ello, la lógica de los subalternos mantiene su poder de negociación y de resistencia a la colonialidad del poder ,del saber y del ser, al negarse a llamar todavía a muchos pueblos en su nombre españolizado o al mantenerse la transmisión de saberes locales milenarios de generación en generación de acuerdo a los mecanismos de apropiación de la naturaleza y lo que los mismos pueblos y comunidades entienden por el buen vivir.
El modelo liberal de organización de la propiedad, del trabajo y del tiempo adquiere hegemonía en el mundo capitalista actual pero alrededor del planeta múltiples resistencias negocian y reformular los postulados liberales respecto a lo que es propiedad y lo que no lo es, si se vive para trabajar o se trabaja para vivir y las diferentes temporalidades que, por ejemplo, se rescatan en esta investigación.
Ahora bien la colonialidad del saber opera también sobre los procesos culturales y es condición necesaria en la constitución de las subjetividades. La colonialidad del saber o desculturización facilita que las formas del pensamiento se simplifiquen por la visión dominante, es decir, nos auto colonizamos, nos despojamos de nuestra capacidad de ser, la transculturización y aculturación sirven para los fines de los intereses dominantes que se nos presentan como hegemónicos.
Por este motivo -afirman los teóricos de la colonialidad-se requiere pensar desde la exterioridad colonial, esto es, construir un conocimiento social desde el afuera a lo que se considera valido de forma universal, ya que el actual conocimiento es construido por el adentro, a través de un proceso de universal exclusión, donde las historias particulares de los pueblos son referidas a los valores occidentales dominantes y esto no es así de sencillo, al menos desde el punto de vista histórico social. Valoración que genera mucha discusión en este mundo donde las interrelaciones, lenguajes, comunicación y construcción de significados se realizan a escala planetaria y todo permea el espacio local.
Por otra parte, los propios intelectuales progresistas hoy están ya corrigiendo los errores históricos, perpetuados a través de los siglos, e implementados por la colonialidad del poder y del saber. El pensamiento crítico del futuro ya no podrá ser una constante actualización del pensamiento crítico europeo o estadounidense, aún aquel que están produciendo hoy los intelectuales del Tercer Mundo en Europa y en Estados Unidos. El pensamiento crítico tendrá que ser desde la colonialidad, por la descolonización tanto económica como intelectual.
Hasta ahora la ciencia moderna se ha sumido en unos soliloquios en los cuales ella misma se daba los fundamentos de la verdad desde los parámetros de la modernidad occidental. Sus categorías de base eran siempre autoreferenciales, es decir, para criticar a la modernidad era necesario adoptar los conceptos hechos por la misma modernidad y para conocer la alteridad y la diferencia de otros pueblos, era también necesario adoptar conceptos hechos desde la matriz de la modernidad.
Este proceso de descolonización desde el cual figuramos nuestro estudio de los saberes locales producidos dentro de una geopolítica del saber, implica el desmontaje de estructuras de poder estatal, laboral, económico, cultural, del control de la sexualidad, de ideologías y de formas de conocimiento que producen una división maniquea del mundo. Para que esto ocurra también hay que reconocer que los movimientos sociales piensan, y que tanto los intelectuales como su obra actúan en diversas formas.
Considero que el encuentro entre activistas sociales e intelectuales conforma activistas epistémicos que pueden construir un diálogo de saberes que surgen de distintas pero relacionadas prácticas.
“La experiencia nos ha enseñado que las subversiones epistemológicas son siempre difíciles de hacer y de asir no sólo por las barreras que las circunda el pensamiento conservador sino porque, como corresponde, antes de ser atrapadas en los conceptos huyen provocando nuevas subversiones. De cualquier manera, la construcción de nuevos conceptos y nuevos modos de mirar la vida es ineludible para permitirles salir de viejos encierros. No hay subversión posible si no abarca el pensamiento, si no inventa nuevos nombres y nuevas metodologías, si no transforma el sentido cósmico y el sentido común que, como es evidente, se construyen en la interacción colectiva, haciendo y rehaciendo socialidad” (Ceceña:2006;14)
El imperativo por la descolonización del saber responde también a la idea propuesta de Boaventura de Sousa Santos (Santos:2006) de que no hay justicia social sin justicia cognitiva. Para él, esto es fundamental a la idea de democracia: No hay democracia, sin una democracia de conocimientos, de saberes y esos saberes son varios, son distintos, son los de los pueblos, de los hombres, de las mujeres, Una idea central en esta tesis es que no hay justicia social global sin justicia cognitiva global, o sea sin justicia entre los conocimientos, variedad entre los conocimientos.
Y por eso es que hoy la educación popular es tan importante, debemos retomar el valor de la educación popular para alcanzar la justicia cognitiva. La justicia cognitiva en la formulación de Sousa Santos toma en consideración a conocimientos prácticos, pero también pudiera hablarse de conocimientos técnicos no hegemónicos como aquellos adquiridos por comunidades e intelectuales en el proceso de resistir y pensar alternativas a la colonización.
Así la crisis de las ciencias sociales es desde mi punto de vista, la crisis no del objeto de estudio sino del sujeto investigador que proclive a adoptar las teorías posmodernistas , neopositivas y relativistas de la realidad no hace más que abandonar el compromiso ético y social que todo proceso de investigación tiene con los subalternos y damnificados de esta modernidad capitalista.
El problema que las concepciones academicistas no han logrado comprender es que tanto las propias preguntas de investigación, como los modos de producción de las investigaciones (lo que usualmente se llama métodos), dependen en última instancia de opciones epistemológicas, que están asociadas a posiciones éticas y políticas que dependen entre otras factores del tipo de relaciones que se sostiene o se aspira a sostener con actores sociales extra académicos.
Las posiciones éticas y políticas son constitutivas del piso epistemológico y de las perspectivas teóricas de nuestras investigaciones; y así también de las preguntas y de los métodos, y de este modo lo son también de los resultados de las investigaciones, y ello tanto respecto de su contenido, como de su forma: las publicaciones. De las respuestas a las preguntas de ¿para qué? y ¿para quién/es investigar? Depende: qué investigar, cómo, con quiénes, en el marco de cuáles relaciones, con cuáles propósitos, si acaso acabaríamos produciendo una publicación en papel y tinta o qué “cosa” y cómo pensamos que tales “cosas” deberían o podrían circular y/o ser útiles, a quiénes, qué importancia tendrían los resultados y cuál los procesos y experiencias.
En otras palabras, tratase, del lado del pensamiento hegemónico, de un problema político con profundas implicaciones gnoseológicas y, del lado del saber contra-hegemónico de un problema epistemológico con fuertes implicaciones políticas. El saber contra-hegemónico con un papel claro de articulación, unión y análisis de perspectivas de los movimientos sociales, con planteamientos innovadores y creativos que permitan un nuevo papel de los movimientos sociales frente al desgajamiento del mundo del trabajo y del tejido comunitario que la mundialización ha puesto en marcha contra millones de habitantes de nuestro planeta.
Tal y como afirma Boanaventura do Santos (2006: Conocer desde el sur: 27) “El científico no debe diluir su identidad en la de activista pero tampoco construirla sin relación con el activismo”.
Por eso, ahora los pueblos indios, los habitantes de comunidades y ejidos, los rancheros ligados a la tierra, los indios güeros, el trotar campesino vuelto citadino y de modo creciente todos los demás sectores de la población mundial, comenzando por la comunidad científica mundial y los intelectuales y profesionales de las capas medias, así como los trabajadores de todo el mundo industrial/urbano, están descubriendo que, dadas las tendencias destructivas del capitalismo actual, esos recursos de sobrevivencia de los indígenas y campesinos -entre los cuales se encuentran los saberes locales y su forma de apropiarse la naturaleza- son nada menos que recursos de la defensa de la vida misma en el planeta y que son, precisamente, los que el capitalismo colonial/moderno está llevando a la destrucción total.
Frente a ello está emergiendo una vasta coalición social que puede ser, de hecho es, un nuevo movimiento mundial de la sociedad. Parte de la comprobación continua de que el actual capitalismo colonial/moderno es un riesgo inminente de destrucción de la vida en nuestro planeta. Pero, al mismo tiempo también comienza a descubrir que por su propio desarrollo científico-tecnológico, este patrón de poder es no sólo peligroso, sino finalmente innecesario e inútil, como lo muestra la actual crisis de sobreacumulación capitalista que esta condenando a millones de personas a pasar hambre y que profundiza los procesos de despojo, desprecio, explotación y represión.
Somos testigos así de un proceso de descolonialidad de la existencia social que esta tomando fuerza en aquellas regiones indígenas, campesinas y rancheras de nuestro continente, África y Asia. Un nuevo horizonte histórico está emergiendo. Eso implica, en primer término, nuestra emancipación del Eurocentrismo, esa forma de producir subjetividad (imaginario social, memoria histórica y conocimiento) de modo distorsionado y distorsionante, que, aparte de la violencia, es el más eficaz instrumento de control que el capitalismo tiene para mantener la existencia social de la especie humana dentro de este patrón de poder.
Esa emancipación es, precisamente, lo que esta ocurriendo; eso es lo que significa descubrir que los recursos de sobrevivencia de los indígenas y campesinos del mundo son los mismos recursos de la vida en el planeta, y descubrir al mismo tiempo, en el mismo movimiento de nuestras luchas, que ya tenemos la tecnología social para prescindir del capitalismo y que un proyecto contrahegemonico y alternativo esta en marcha.
La apelación a otros temas como nación y modernidades, ecología de la diferencia, la relación ser humano y naturaleza, la cultura y el lugar, modernidad e identidad y antropologías, completan el mapa sobre globalización y diferencia, siempre intentando pensar más allá del paradigma de la modernidad y en el marco de la defensa ecológica, económica político-cultural y sus derivaciones e implicaciones epistémicas/epistemológicas, ontológicas y existenciales.
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